lunes, 18 de octubre de 2021





















 

CAMPESINADO VENEZOLANO

 


ICONOGRAFIA DEL CAMPESINO VENEZOLANO

 




LA INVESTIGACIONCUALITATIVA HOY Autor: Prof Aníbal Farías U.P.E.L–I.M.P.M anibalfarias7@gmail.com

     

La metodología cualitativa implica un cambio de paradigma en el cual la ciencia se deslastra del paradigma lógico positivista y cartesiano que si bien sirvió para el avance de las ciencias en su momento el mismo no puede mostrar ni logra dilucidar el factor humano que se encuentra intrínseco al mismo o lo que llamamos hechos y realidades.

Con el nacimiento del método científico y la sistematización de la investigación que si bien es algo inherente al ser humano no poseía un cuerpo lógico de pasos para la obtención de resultados, es allí donde nace la falacia lógico binaria en la cual se piensa que en pasos son axiomáticos, monolíticos e ineludibles. Si bien es cierto que este fue el paradigma que ayudo a construir Personajes de la Talla de Sir Francis Bacon, Galileo Galilei, Rene Descartes y Sir Isaac Newton, este discurso y método estaba más dirigido a lo que conocemos como ciencias exactas, donde cabe destacar que hoy día dichos argumentos metodológicos se encuentran en tela de juicio.

 

Tenemos entonces, que los antiguos métodos utilizados no lograban una explicación más humana y de nueva sensibilidad que deben tener las investigaciones científicas que sobre todo si se llevan a cabo dentro del campo social. En tal sentido nos señala Heidegger (1974).

 

El espíritu de nuestro tiempo ha ido generando poco a poco una nueva sensibilidad y universalidad del discurso, una nueva racionalidad que está emergiendo y tiende a integrar dialécticamente las racionalidades parciales, las dimensiones empíricas, interpretativas y criticas de una orientación teorética que se dirige hacia la actividad práctica, una orientación que tiende a integrar el pensamiento calculador y el pensamiento reflexivo.

 

En este orden de ideas y con estas transformaciones nace el método cualitativo y sus tipos donde destacan el método hermenéutico dialectico, el fenomenológico y el etnográfico. En espíritu y filosóficamente la hermenéutica no constituye en sí un método nuevo dado que la base de toda investigación y su génesis es la observación y la hermenéutica es la racionalización interpretativa y posterior socialización después de dicho proceso.

 

Los juicios de valor, la interpretación del hecho que se encuentra sujeto de estudio, de cómo el hecho cambia al hombre y viceversa, reflejan un valor indiscutible que muestra las diferentes aristas de la realidad. En este punto nos refiere Dilthey (1974).

 

La hermenéutica es el proceso por medio del cual conocemos la vida psíquica con ayuda de signos sensibles que son su manifestación, es decir, que la hermenéutica tendría como misión descubrir los significados de las cosas, interpretar lo mejor posible de las palabras, los escritos, los textos, los gestos, y en general, el comportamiento humano, así como cualquier u obra suya, pero conservando su singularidad en el contexto que forma parte.

 

Es así como el método hermenéutico se vuelve indispensable, para conocer el comportamiento y accionar de las diferentes interpretaciones de la realidad por parte del hombre.

 

Por otro lado, también tenemos los métodos fenomenológicos, que son aquellos que se encargan de conocer y socializar realidades que solo pueden ser vividas y conocidas desde el punto de vista de quien las vive. Las observaciones externas que se realizan de manera tradicional solo proporcionan leves vestigios, todo ellos fragmentados de esa realidad. Tenemos que la fenomenología implica un desdoblamiento en el cual conocemos la naturaleza de la realidad a través de la vista e interpretación de quien la vive. En tal sentido Husserl (1970) define a esta como ‘La fenomenología es el estudio de los fenómenos tal como experimentados, vividos y percibidos por el hombre’.


La fenomenología implica el conocimiento científico de las realidades de vida, la sistematización de la interpretación de lo cotidiano y el entendimiento de las realidades particulares desde el punto de vista de sus actores, lo que nos aporta juicios que solo entenderíamos de manera parcial o que simplemente desconoceríamos.


Para culminar, debemos destacar los métodos etnográficos, que son aquellos que nos permiten conocer las realidades de grupos humanos particulares y categorizados que comparten una misma realidad, zonas geográficas, una dinámica de espacio, un idioma o jerga y por supuesto una cosmovisión. Durante mucho tiempo, el estudio de sociedades no occidentales se dio por parte de investigadores y observadores que llevaba a cabo sus estudios desde las luces y el raciocinio de la sociedad que los formo, evidenciándose una falla primordial, ya que como podríamos conocer una sociedad completamente disímil a la nuestra cuando hacemos juicios desde de nuestra preconcepción que no necesariamente se pueden ver transliterado a otros pueblos, grupos sociales o comunidades.

 

Lo etnográfico implica generar un discurso, en el cual conozcamos a esas comunidades, pueblos y grupos particulares desde el entendimiento que poseen estos de sí mismo. Para Martínez (2009).

 

El objetivo inmediato de un estudio etnográfico es crear una imagen realista y fiel del grupo estudiado, pero su intensión y mira más lejana es contribuir en la comprensión de sectores o grupos poblacionales más amplios que tienen características similares. Esto se logra al comparar o relacionar las investigaciones particulares de diferentes autores.

 

El método etnográfico y el éxito de sus estudios radica en la hermenéutica aplicada a ese grupo particular para el entendimiento de este como la suma de sus partes. Para lograr entender a estos entes es necesario conocer sus cuales particulares, tanto como sus puntos de vista alternos, derivados de un análisis sistemático de los hechos en los cuales se encuentran inmersos. La lógica no es entonces la imperante ni mucho menos la occidental, sino aquella que nace del seno de esas vivencias, por ello los niveles de participación de hecho en estos procesos de investigación tienen que ser predeterminados y varían de estudio en estudio, implicando un alto nivel de objetividad.

 

El conocimiento de estos métodos centrados en lo humano es materia ineludible para el pedagogo que quiera conocer las realidades del medio ambiente y desarrollo que se dan hoy día en sus comunidades, las cuales deben verse a través del cristal de una racionalidad más humana y una ciencia al servicio de la sociedad, sin arquetipos epistémicos obsoletos, ya que hoy más que nunca es necesario el conocimiento de las realidades desde el punto de vista de quien las vive, dado que allí encontramos la piedra angular de las soluciones que son tan necesarias en nuestro país.

 

REFERENCIAS

 

Dilthey, W. (1976).  El nacimiento de la hermenéutica. Penguin, NY.

Heidegger, M. (1974). El ser y el tiempo. Editorial FCE. México.

Husserl, H. (1962). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Editorial FCE, México.

Martínez, M (2009). Ciencia y Arte en la metodología Cualitativa. Editorial Trillas. México.

 


LA INVESTIGACION CUALITATIVA COMO HERRAMIENTA EN LAS CIENCIAS SOCIALES DE LA ACTUALDAD Autor: Prof Aníbal Farías U.P.E.L–I.M.P.M anibalfarias7@gmail.com

Los retos científicos tanto del presente como del futuro nos exigen como profesionales e investigadores, el abordaje de los sujetos de estudio desde paradigmas de investigación nuevos e innovadores, que permitan lograr el estudio de la realidad desde múltiples aristas y factores.

 

Los paradigmas, así como las estructuras de la investigación lógico positivistas usados desde ya hace varios siglos, no suelen constituir herramientas muy confiables, ni mucho menos validas o fidedignas para el tratamiento de las realidades humanas vistas desde las ciencias sociales. Los métodos cuantitativos, enfocan la realidad y dan por sentado que la misma es un ente finito puro en su estado, inamovible y en consecuencia al aplicar los pasos básicos del método científico los resultados de los estudios o investigaciones irremediablemente terminan siendo los mismos.

 

Es entonces que tenemos que esta manera de ver la realidad tiene su origen en dos grandes tratados filosóficos que son a saber, el discurso del Método del famoso matemático y filósofo francés Rene Descartes, así como también la mecánica universal del no menos famoso y también matemático Isaac Newton. Ambos contribuyeron con sus obrar a la construcción del paradigma positivista en el cual se destaca como una de sus grandes premisas la exactitud matemática de sus resultados y la falsa hipótesis de que la realidad es susceptible de ser aislada y medida de manera precisa.

 

Es así, como el paradigma cualitativo nace como una propuesta que busca enfocarse en la realidad, además del estudio de las cualidades presentes en la misma, el estudio de sus partes y de la razón y verdad presentes en ella, que no siempre pueden ser expresados desde la perspectiva lógico matemática.

 

El estudio del hombre, de su accionar y de sus relaciones con el medio, nos exige métodos innovadores y sobre todo más humanos, hermenéuticos, historiográficos, de investigación acción educativa, ya que a través de ellos se nos permite conocer la realidad, como la afectamos como investigadores, así como esta realidad incide tanto en nosotros como en las poblaciones, nos deslastra de la idea simplista de que el ser humano y sus vivencias pueden ser reducidos a unos pocos números.

 

El ser humano es un conjunto de su cosmovisión, de sus experiencias y educación, siendo así que solo su estudio puede ser enfocado desde un método cualitativo, que ofrezcan conclusiones que permitan verdaderamente entender al hombre y el medio que lo rodea, como un todo que se presenta en constante cambio, siendo esta una visión orgánica de la investigación, permitiendo un entendimiento y racionalización compleja transformar la realidad.

 

Al analizar la realidad se busca realizar un acercamiento a ella con el propósito de de­velarla y conocerla para intentar mejorarla en determinados sentidos, de acuerdo a los elementos pre­sentes en un momento y contexto específico, sin olvidar la naturaleza compleja de las interacciones que allí se dan. Esto implica plantearse aproximaciones sucesivas que permitan, de acuerdo a un conjunto de cualidades, recrear, reconstruir y repensar la realidad, la cual, se percibe salpicada de las subjetividades de los seres humanos, continuamente sumergidos en las com­plejidades propias de su naturaleza, lo cual se extrapola al continuo humano.

 

Al asomarse las deficiencias de la orientación cuan­titativa y su método científico lógico y positivista, ha sido cada vez más im­portante el efecto de la metodología cualitativa, especial­mente en las ciencias humanas, para luego extenderse a otras ciencias, dando relevancia al contexto sociocultural y al significado de los actos humanos. Así, esta orientación valora en gran medida las vi­vencias que el ser humano ha tenido como producto de la forma como percibe y vive esa realidad, tomando también en cuenta sus ideas, sentimientos y motivaciones.

 

La investigación cualitativa se fundamenta en las ideas surgidas de la epistemología pos-positivista y se pueden señalar varios enfoques: Siendo estos el sistémico, gestáltico, estructural y humanista, entre otros; teniendo unos más importancia que otros para abordar una determinada si­tuación social, haciéndose necesario en ocasiones comple­mentarlos, para lograr un mejor acercamiento a la realidad descriptiva, inductiva, fenomenológica, holista, ecológica, sistémica, humanista, de diseño flexible y destaca más la validez que la replica­bilidad de los resultados de la investigación.

 

Tenemos entonces que se da un vuelco a la estrategia para tratar de cono­cer los hechos, procesos y los fenómenos en general, sin limitarlos sólo a la cuantificación de algunos de sus ele­mentos. Se establece, entonces, un procedimiento que da un carácter particular a las observaciones. Es un proceso de interrelación mutua, por lo que no importa tanto la ge­neralización de sus conclusiones, sino la peculiaridad del fenómeno estudiado. De tal modo que se dan, entre los elementos constituyentes, relaciones dependientes, dialó­gicas y participativas, donde el investigador se sumerge en la realidad para captarla y comprenderla. Asimismo, el saber se concibe como provisional al igual que las afir­maciones que se hagan, ya que estarán sujetas a cambios según el contexto y el tiempo en que se estudien.

 

Así el enfoque cualitativo usa procedimientos que hacen menos comparables las observaciones realizadas, porque se per­sigue, más que la generalización, aproximarse cada vez más a la comprensión de los fenómenos particulares.

 

Las consideraciones en la investigación se apoyan de una serie de argumentos, que propician y favorecen la aplicación del diseño en el proceso de investigación. No obstante, los fundamentos provenientes de la ontología son cruciales en cuanto a la referencia y al método, dentro de los criterios necesarios para asumir el desarrollo en proceso cualitativo La ontología contemporánea tiene uno de sus puntos de partida metodológicos en la filosofía de Husserl. La idea de la fenomenología como título para una nueva actitud renovadora del pensamiento filosófico, plena de radicalidad y autenticidad en sus propósitos se halla en la base de los planteamientos contemporáneos más importantes de la ontología.

 

La fenomenología confirió al pensamiento filosófico en general, y al ontológico en particular, una nueva perspectiva para abordar la problemática tradicional y, sobre todo, la seguridad y confianza que requerirá en una época signada por el complejo cientificista y por un sentimiento generalizado de la esterilidad del pensamiento filosófico. Esa nueva perspectiva se condensa máximamente en un anhelo vehemente por el original y genuino, en un intento por penetrar en la endurecida capa de las opiniones corrientes y mal fundadas para volver a tomar contacto con los auténticos fenómenos.

 

La interpretación hermenéutica y la fenomenología encuentran su locus en este apartado. Los esfuerzos en el análisis de los contenidos de los datos obtenidos en la secuencia de textos y de argumentos obtenidos en la investigación, permiten un abordaje descriptivo y legitimado de los datos, de los contenidos, orientándose entonces hacia la formación de teorías, basadas en estructuras simbólicas aproximables a una realidad determinada.

 

El problema fundamental que ocupa a la epistemología es establecer la relación entre el ser cognoscente (sujeto) y el proceso o fenómeno sobre el cual se desarrolla su actividad cognitiva (objeto). De este modo, el problema se presenta en la relación de quien conoce y lo que es cognoscible la cuestión epistemológica, o la relación entre el sujeto que quiere conocer y aquello que ha de ser conocido, si se puede conocer el mundo real o mundo, y con qué grado de seguridad nos conduce a reestructurar una serie de fundamentos, posteriormente a la crisis del método.

 

La epistemología en la investigación cualitativa tiene un soporte proveniente de las vertientes del interaccionismo, del constructivismo y de las tendencias emancipadoras holística e integradoras, formuladas hacia la década de los setenta como el energetismo enfoques sistemáticos, señala la importancia de la inter y transdisciplinariedad exige respetar la interacción entre los objetos de estudio de las diferentes disciplinas y lograr la integración de sus aportes respectivos en un todo coherente y lógico. Esto implica, para cada disciplina, la revisión, reformulación y redefinición de sus propias estructuras lógicas individuales, ya que esas conclusiones particulares ni siquiera serían "verdad" en sentido pleno.

 

La dialéctica que acompaña al método y la esencia conceptual se apoya en una visión cada vez más detallada en su intento por establecer un conocimiento no especular, producto de las relaciones existentes entre el investigador y los procesos surgidos durante el desarrollo de los eventos cambiantes, la interacción y la visión del conjunto.

 

La ruptura epistemológica entre la metodología cualitativa y el paradigma positivista (fundamentado en el diseño cuantitativo), está precisamente en cuanto a la forma cómo se concibe el conocimiento, en la manera de adquirir ese saber, en cuanto al modo de conocer la realidad y las consideraciones en cuanto al objeto de estudio y fenómenos posibles de conocer Los estudios cualitativos se fundamentan en la interpretación de las informaciones y los datos  se identifican tres componentes como configuradores del proceso de comprensión: preconcepción, comprensión actual e interpretación.

 

La interpretación parte de una preconcepción de lo que se pretende interpretar. La preconcepción refiere el bagaje previo del investigador, la capacidad de reconocer el hecho analizado. Este proceso permite una mayor profundidad en la comprensión al admitir dentro del marco de la investigación, interpretaciones subjetivas por parte del investigador y del investigado.

 

En la investigación cualitativa, se procede a analizar (observaciones, textos, episodios) con un marco teórico general. Ello conduce entonces a acudir a los contextos o textos a analizar bajo categorías previas (no categorías de análisis).

 

El diseño cualitativo se adapta a las teorías sustantivas, facilitándose así la recogida de datos empíricos, ofreciéndose descripciones complejas de acontecimientos y sucesos, para posteriormente desarrollar categorías y relaciones que permitan la interpretación de los datos.

 

La teoría actúa como un esquema previo, contextualizado y organizador del campo. El desarrollo de diseños permite a la metodología cualitativa abordar el problema de estudio desde el proceso y desarrollo de este, pero no de los resultados obtenidos. El método por excelencia es el de la teoría fundamentada.

 

Un componente clave del método es la constante de procedimiento analítico comparativo. Este procedimiento puede ser llevado a cabo de diversas maneras, pero la idea general es que el texto se rompe en unidades de análisis (por ejemplo, una línea de texto o un párrafo o más), y de una manera u otra interpretar los significados entre las unidades que vienen a ser representados como categorías. Por lo tanto, en este escenario, son los datos que se comparan constantemente. Como el número de categorías aumenta, ellos mismos se comparan, lo que más genera categorías abstractas.

 

Esta abstracción puede continuar hasta que un “núcleo” central o de una categoría se conceptualiza. Esta categoría organiza la teoría. Electrónico de datos basados en los programas han sido desarrollados para facilitar la gestión de los datos durante el análisis comparativo constante y para qué materia común de tratamiento de texto son útiles en este sentido también.

 

Asimismo, para una mayor cientificidad, los criterios que comúnmente se utilizan para evaluar la calidad científica de un estudio cualitativo y por ende su rigor metodológico son la dependencia, credibilidad, audibilidad y transferibilidad, el desarrollo de las técnicas y diseños cualitativos se acompaña del esfuerzo logrado por asumir una postura epistemológica emergente. Sin embargo, la metodología y la teoría tienen como sede la ontología, en especial de la fenomenología, que permite asumir no solo un papel contemplativo sino producto de la interacción, vista desde un proceso más que de los resultados obtenidos.

 

Los sistemas emergentes y constructivistas permiten asumir un papel más complejo, interactivo y emancipador en el conocimiento, producto de una dialéctica, inmersa en los contenidos y los datos recogidos, así como de los procesos incluidos.

 

Para finalizar y siguiendo el mismo orden de ideas los métodos cualitativos nos acercan al conocimiento desde nuestro mundo interior de ideas, para así cortar con la pretensión de la objetividad absoluta, la visión del ojo de Dios, la cual recrimina las percepciones o juicios propias del investigador. En el paradigma cualitativo estos enriquecen el producto científico.


EL CACO COMO REFERENTE HISTÓRICO EN LA ECONOMÍA DE CARÚPANO DURANTE LOS SIGLOS IXX y XX Autor: Prof Aníbal Farías U.P.E.L–I.M.P.M anibalfarias7@gmail.com

 

    El cacao en nuestro país, en la península de paria y más aún en Carúpano su puerto más importante de comercialización durante los siglos IXX y XX ha sido un tema asiduo en los textos que se han tratado la historia de Carúpano, pero el tema siempre fue relegado a un capitulo pequeño y en la mayoría de las veces   de corte nostálgico para recordar nuestro gran pasado como puerto comercial de talla internacional, lo que hoy ya no somos.

 

Con este trabajo se intentó dar más profundidad a la temática cacaotera durante esa época y así poder mostrar de la manera más precisa posible y con las fuentes más fidedignas, como el cacao trasformo lo que fue un pequeño puerto de una villa pesquera en uno de los puertos internacionales más importantes en Venezuela en la época.

 

Una ciudad con una de las inmigraciones europeas más ricas desde la colonización de estas costas caribeñas, también una de la que más se trasformó durante la época, siendo ejemplo de avances comerciales arquitectónicos, de infraestructura de la época, propiciados por las ricas relaciones comerciales cimentadas en el cacao con el viejo mundo.

 

 El cacao en Venezuela y en el estado Sucre es uno de los aspectos más importantes que tiene la economía, sobre todo en Paria y muy especialmente para la ciudad de Carúpano Municipio Bermúdez, este ha jugado un papel importante desde la conquista misma, siendo una de las principales razones del poblamiento de paria por parte de los conquistadores españoles, y de la posterior llegada de un sin número de extranjeros europeos durante el siglo IXX y XX.

 

 El caco de manera evidente ha sido el motor que ha movido Carúpano desde sus inicios como un pequeño puerto con miras al caribe a la ciudad bulliciosa y comercial de mediados del siglo XX, el cacao nos colocó en el mapa otorgándonos conexiones estrechas con los principales puertos comerciales del caribe y con el lejano continente europeo, El cacao fue el principal rublo de explotación agrícola en toda paria desde la llegada de los conquistadores,  y desde 1830 con la inauguración de las primeras casa de comercio cacaotero independientes de la compañía guipuzcoana Carúpano fue su puente con el mundo.

 

Por eso la importancia investigativa del tema es de gran envergadura e importancia, para entender los procesos históricos de la península de paria y sobre todo de la ciudad de Carúpano, y sobre todo a las trasformaciones económicas sociales y estructurales que ocasiono la explotación, comercialización, y exportación de cacao al mundo.

 

El cacao (Teobroma cacao) se ha destacado como un rubro de gran importancia comercial y económica en el ámbito mundial, ya que es utilizado como materia prima para la obtención de diversos productos de tal manera este se puede identificar con las transformaciones históricas, sociales, y comerciales en la economía, lo cual tiene una importancia fundamental en la mayoría de los países subdesarrollados.

 

Los orígenes del cacao se remontan al Pleistoceno cuando las distintas especies   de este se adaptaron a los rápidos, seguidos profundos y variados cambios en la biósfera que dieron lugar a islas climáticas y en ellas se caracterizaron y formaron hasta estar presentes en el actual periodo geológico de nuestro planeta. Algunas exploraciones lo remontan al muy anterior Plioceno por haberse encontrado evidencias en hojas fosilizadas de ese periodo en el norte del continente suramericano, específicamente en Venezuela

 

Venezuela se ha caracterizado por tener cultivos de cacao permanente, propio de áreas tropicales húmedas, teniendo un rendimiento por hectáreas que se desarrolla a base de plantaciones y condiciones climáticas especiales de su uso. Es por ello que la producción es considerada por muchos como el mejor cacao del mundo y por sus variedades se ha cotizado a un precio muy elevado y se le denomina como cacao fino siendo este muy cotizado en Europa en especial en Francia y Suiza; éste tiene y ha tenido gran importancia ya que siempre ha estado presente en forma destacada en los procesos históricos, sociales y económicos de la nación.

 

Las ventajas del área geográfica de Paria y las características organolépticas del grano de cacao criollo fueron de vital importancia y derivaron en toda la evolución y desarrollo histórico del país en sus primeros trescientos años de dominación colonial. Los misioneros y exploradores reportaron abundantes bosques de cacao que tenían características criollas: suavidad en la amargura y astringencia y muchas semejanzas con las nueces, almendras y avellanas a los cuales estaban acostumbrados y apreciaban. Estos cacaos poseían distinciones marcadas con los sabores de los consumidos y demandados generalmente por las sociedades mayas y aztecas, los cuales fueron en un comienzo reportados como amargos y astringentes para el gusto europeo.

 

La calidad del cacao venezolano proviene de su gran atractivo comercial y depende básicamente de dos factores como lo son: el cultivar, el medio y el procesamiento después de la cosecha. En la actualidad han cambiado notablemente los criterios de utilización de materiales de siembra, suficientemente conocidos para cada región en particular y con el empleo de técnicas vegetativas para su propagación, dada las restricciones de parcelas productoras de semillas.

 

Cabe destacar que la ciudad de Carúpano ha sido un eje histórico cacaotero de gran importancia, sirviendo de puerto exportador y comercial  a las mayores  casas comercializadoras de cacao desde  el año 1830,  ya de eso más de 300 años, gracias a este cotizado rubro se han suscitado grandes cambios socioeconómicos, el cacao convirtió a la ciudad de un pequeña villa portuaria con una ubicación privilegiada para el comercio contrabandista, en uno de los puertos comercializadores que más exportaba cacao a Europa durante el siglo IXX, teniendo conexiones comerciales directas con el caribe, en islas como Sr Martin y en Europa con Francia y suiza.

 

Se puede notar en la región pariana y más aún en Carúpano la importancia del cacao, en su otrora puerto exportador todavía yacen las huellas dejadas por el cacao, no solo en la actualidad donde este comercio sigue siendo de importancia. Podemos ver al cacao en todos y cada uno de los procesos históricos de Carúpano desde 1830 a la actualidad, ya que por la explotación del cacao aconteció una de las más importantes inmigraciones europeas desde la conquista, con la llegada de corsos y holandeses que vinieron a parar a nuestras costas gracias al comercio cacaotero con las Antillas. Podemos ver el cacao en la arquitectura de antigua de su casco histórico, que se vio privilegia por los grandes capitales amasados por los mantuanos de la época, y no solo podemos ver sus trasformaciones en las clases pudientes, el cacao fue el principal rubro agrícola explotado en paria hasta bien entrada la era Gomecista teniendo como resultado que este fuera uno de los principales ingresos y forma de vida para el campesinado.

 

A pesar de su gran importancia para la historia y la economía local todavía falta mucho que escribir del cacao y de cómo este cimentó desde el siglo IXX las bases de la ciudad que hoy conocemos en cuanto a esto Franceschi menciona lo siguiente

La leyenda en torno al cacao en Carúpano ocurre por la desinformación y mitificación de hechos históricos que, en la nostalgia y la lejanía, se evocan sin aparente relevancia o trascendencia, a una sociedad nacional ajena y sin vinculación a su economía, funcionando a manera de símbolo de lo que alguna vez fuimos y que actualmente no somos: un país agrícola y de exportación. José Vicente Franceschi Balan, (2017), P 13 

 

El cacao

 

Theobroma cacao L. es el nombre científico que recibe el árbol del cacao o cacaotero, planta de hoja perenne de la familia Malvaceae. Theobroma significa, en griego, alimento de los dioses, Estudios recientes demuestran que el cacao se originó hace 5000 años en la Alta Amazonía. La teoría indica que esta especie silvestre fue transportada en tiempos prehispánicos por los antiguos pobladores hacia Mesoamérica donde aparentemente se la domestica para utilizarla en rituales. La palabra cacao tiene un origen milenario, y se remonta a los lenguajes de la familia mixe-zoque que hablaban los olmecas antiguos, quienes fueron los primeros en cultivar dicha planta en Mesoamérica. En maya yucateco, “Kaj” significa amargo y “Kab” significa jugo. Alternativamente, algunos lingüistas proponen la teoría de que en el correr del tiempo pasó por varias transformaciones fonéticas que dieron paso a la palabra “cacaoatl”, la cual evolucionó después a “cacao”.

 

 

Los antiguos pobladores mexicas lo consideraban un árbol divino. La palabra cacao (originalmente pronunciada kakawa) parece estar relacionada con el idioma mixe-zoque y se refiere básicamente al nombre de la planta. Siempre nos han dicho que el cacao es originario de México y que de allí pasó a Centro y Sur América, pero investigaciones recientes demuestran que el cacao tiene su origen de Venezuela (cosa que nos llena de orgullo).

 

 

 El cacao en Venezuela

 

Cuando los españoles llegaron a Venezuela, el cacao se encontraba extendido en diversas regiones costeras en el centro, sur y este de la cuenca del Lago de Maracaibo, así como en el alto Orinoco .Al igual que los aztecas, los indios venezolanos tomaban una bebida preparada con la semilla de cacao que llamaban chacote y ofrendaban a sus dioses manteca de cacao que quemaban en unas parrilleras de barro .Al igual que los aztecas, los indios venezolanos utilizaban la semilla de cacao como moneda, y preparaban una bebida con fines medicinales, cosméticos y religiosos .La variedad descubierta por los españoles en Venezuela, es la denominada Criollo que tiene una calidad insuperable, aunque hoy en día no queden muchos árboles de esta variedad, ya que se introdujo la variedad del cacao trinitario, de mayor producción, pero menor calidad.

 

 Las primeras plantaciones de cacao (estamos hablando de los años 1600) se asentaron en el Estado Trujillo, ya que de allí los españoles lo enviaban a través del Lago de Maracaibo a España. Sin embargo, muchos envíos fueron desviados hacia Curazao, lo que dio origen al contrabando de cacao, razón por la cual se creó la Compañía Guipuzcoana para garantizar el suministro de productos venezolanos a España En la época de la colonia el cultivo de Cacao se extendió por todo el país, siendo famosas las plantaciones de Barlovento llevadas por monjes capuchinos.

 

 Con la Guerra de Independencia la producción de cacao tuvo lógicamente sus altibajos. Sin embargo, después de esta Guerra volvió a ocupar un lugar privilegiado en la economía nacional, siendo la principal actividad económica de la época. El cacao se cotizaba a un precio alto, y los mantuanos (dueños de casi todas las haciendas de cacao) se hicieron inmensamente ricos, de allí el nombre de grandes cacaos. No obstante, en el S. XIX el café comienza a adquirir popularidad, con lo que el cacao ya no generaba tantos ingresos, además de que perdimos a nuestro principal comprador que era España, razón por la cual la producción de cacao decayó en el país hasta la fecha.

 

 El predominio del cacao y posterior decaimiento

 

     Según Humboldt (1956) “El cacao reinó casi sin oposición en la economía venezolana desde la segunda mitad del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII. Para 1789 el cacao era responsable del 92 por ciento del volumen total de las exportaciones (Pag.48). Pero en las postrimerías de ese siglo el predominio del cacao comenzó a declinar, aunque todavía mantenía su hegemonía en relación con los otros cultivos. Según Izard (1969) “el cacao aportó el 66 por ciento del valor exportado para el período 1797-1800. El café apenas contribuyó entonces, con un 2 por ciento”. El café había aparecido tímidamente por primera vez en las estadísticas de comercio exterior de Venezuela en 1778 según algunos, y en 1790 según otros. Después, Según Arcila (1946) “el ascenso del café se hizo meteórico, rivalizando con el cacao, hasta llegar a desplazarlo hacia 1830, en una Venezuela empobrecida, abatida por la guerra, que recién inauguraba su Período republicano, frustrado el ensayo integracionista de Colombia” (Pag 327).

 

 El desplazamiento del cacao al oriente

 

     La batalla por el uso de la tierra había sido ganada por el café, que se apoderó de las mejores tierras de la Cordillera Central, y comienza a penetrar progresivamente los paisajes del norte y del occidente del país. El cacao, vencido, se bate en retirada. Las plantaciones de cacao comienzan a moverse progresivamente hacia el este. A finales de 1799, Humboldt advirtió tal movimiento, encontrando plantaciones de cacao en los valles de Río Caribe, Carúpano, Irapa, Chaguarama, Caratar y otros lugares. Humboldt estimó que había en esos valles, en 1792, unos 428.000 cacaoteros. Siete años después, para 1799, la cifra había aumentado a un millón y medio de plantas. Para Salazar León (1983) “en 1833 el cultivo de cacao se había instalado firmemente en el oriente del país, convirtiendo a Carúpano en el principal puerto venezolano De exportación de cacao y en una de las plazas comerciales más Importantes de la República “

 

 La economía carupanera

 

     Según Villa (1965) “A pesar de que habían otros rubros de producción, tales como la venta de pescado seco, particularmente de lisa, el café o algunas minas , el cacao se convirtió prontamente en el factor fundamental de la economía regional, especialmente con la habilitación que se hizo del Puerto de Carúpano para el libre comercio”, a partir de 1784 , y por las apropiadas condiciones climatológicas (alta precipitación y temperatura, y vientos moderados) y edafológicas (suelos fértiles, vegas de ríos y suelos bien drenados de la zona para el cultivo). De acuerdo a un informe de Luis de Chávez y Mendoza, para 1784 se producían apenas unas 2.000 fanegas de cacao anualmente.

Nos dice Miranda (1882) que “Quince años después, en 1799, en la Nueva Andalucía se producían de 18.000 a 20.000 fanegas anuales de cacao. Y uno de los responsables de tal aumento era la expansión del cultivo en los alrededores de Carúpano”. Del total producido, unas 5.000 fanegas iban de contrabando a la isla de Trinidad9, con la cual se habían establecido, por su vecindad, estrechos vínculos comerciales.

 

Una estimación realizada por Juan Orsini, un comerciante establecido en Carúpano en el siglo XIX, nos informa que para 1892 existían en la región unos 12 millones de árboles de cacao, repartidos en partes iguales (4.000.000) entre Carúpano-Benítez, Río Caribe-Yaguaraparo y Güiria-Irapa.

 

Veamos unas cuantas cifras de exportación de cacao desde el puerto de Carúpano para apreciar la expansión regional de la producción y de la exportación, principalmente hacia Francia, Alemania y España.

 

Para 1895-96 se observa una disminución del volumen del cacao exportado desde Carúpano. El fruto había disminuido de precio en Francia, quizás por la mezcla del cacao criollo con el trinitario de inferior calidad, y los productores se vieron seriamente afectados.

 

 El costo de producción de una fanega era de 5 pesos sencillos, mientras

Que el comercio local, que lo adquiría para exportarlo, no pagaba más de 8 pesos por fanega. Con los tres pesos restantes el productor no cubría sus “necesidades ordinarias”, ni podía amortizar sus créditos, por lo que los productores preferían venderlo directamente en la isla de Trinidad.

 

 Además, se confrontaba una aguda escasez de mano de obra y los salarios estaban elevándose. El Heraldo recogió en 1896 las palabras pronunciadas por un destacado comerciante carupanero, quien se quejaba de que allí el obrero fija el precio al empresario, exige el aumento de jornal y si éste no se le concede lo amenaza con retirarse; impone condiciones y trabaja el tiempo y días que se le ocurre. Mientras tanto las industrias permanecen estacionarias y nuestras riquezas van desapareciendo por falta de brazos.

 

 

 Vienen los corsos y los “otros”

     

En la Venezuela colonial el comercio exterior estaba en manos de comerciantes españoles y canarios, mientras que en el comercio interior predominaban los comerciantes criollos. Al producirse la Guerra de Independencia, muchos de esos comerciantes emigraron a España o a las Antillas. Los rezagados, casados con criollas, fueron expulsados en 1823, desmantelándose finalmente toda la estructura del comercio exterior desarrollada por ellos.

 

El vacío dejado por los comerciantes españoles fue cubierto por otros comerciantes extranjeros que se instalaron en los diferentes puertos marítimos del país. Así sucedió en Carúpano. Los franceses, particularmente inmigrantes corsos, se establecieron en Carúpano, donde, a partir de 1830, comenzaron a crear firmas comerciales. Entre los pioneros destacan León Santelli y Vicente Franceschi. Franceschi, por ejemplo, creó en 1830 la firma Franceschi y Cía., dedicada a la compra y venta de mercancías, y luego a la exportación de cacao. En 1860, Juan Bautista Lucca, sobrino de Franceschi, estableció su propia firma comercial. Otras importantes empresas fueron las de Marco Angeli, en 1875; Juan S. Orsini, en 1880; Luis Carrera Mayz, en 1885; Pablo Prosperi en 1890.

 

En 1893 los principales establecimientos comerciales eran los de T. Massiani Ca.; Gerónimo Cerisola; J. Franceschi & Co.; Julio Figuera & Cía.; J. M. Navarro y Cía.; Raffali Hnos.; Juan F. Benedetti, Vicentelli y Santelli; A. Lucca y Cía. Joucla y Cía.; J. Orsini e Hijos; J. A. Auberon; Ignacio Mayz Vallenilla; R. Silvia Cova; Francisco Requena; R. Martínez Vallenilla; Vallenilla Marcano, etc. La mayor parte de ellas dirigidas por corsos o sus descendientes.

 

 Algunos de estos comerciantes actuaban, además de ser exportadores e importadores, como agentes de las líneas transportistas marítimas: T. Massiani era, en 1893, el agente de la Compagnie Generale Trasatlantique; Juan Orsini e Hijos eran agentes ese mismo año de la Koninklijke West-Indische Maildilnst, que viajaba una o dos veces al mes a Carúpano desde Europa, y una o dos veces desde Nueva York; Joucla y Ca. Actuaba en 1894 como agente de Knott’s Prince Line, que viajaba desde Nueva York y Europa a Carúpano. Las tarifas, vigentes para 1893, para él envío de 1.000 Kgs. De cacao eran de 50 francos y 15% para Le Havre, de 60 francos y 15% para Londres, y de 65 francos y 15% para Hamburgo. Y las tarifas de transporte interno, por vía marítima y por la Línea de Oriente de la Carenero Railway and Navigation Company Ltd., eran de Bs. 4 los 100 Kgs. de mercancías en general entre la Guaira o Puerto Cabello y

Carúpano, y de Bs. 2,50 para los 100 Kgs. de granos.

 

En la ciudad había consulados de varios países, generalmente a cargo de los propios comerciantes de la plaza. Por ejemplo, para 1893 encontramos a Juan Antonio Orsini representando a Francia y a Estados Unidos, o a Ignacio Marcano representando a Brasil, o al italiano Gerónimo Cerisola representando a España y a México. Y había también una Cámara de Comercio, creada el 8 de junio De 1895, instalados dos años después de la de Caracas, la primera del país. Esta Cámara estaba presidida por Juan Antonio Orsini, acompañado en la Junta Directiva por Luis Carrera Mayz (vice-presidente) y V. Giuliani Franceschi (tesorero). El Organismo llegó a tener su propio medio informativo, el Boletín de la Cámara de Comercio, cuyo primer número circuló en agosto de 1896.

 

En Carúpano se establecieron algunas fábricas: de tabaco y cigarrillos (“La Esperanza”, Guillermo Emiliano Cornivel, hacia 1892); de jabón y velas esteáricas (de los hermanos Vásquez y Rodríguez, hacia 1895); de alpargatas y pantuflas (“El Trabajo”, de Pedro A. Plaza y Cía., en 1895); de ron; de productos alimenticios, entre 1895 y 1896, a las cuales haré referencia más adelante.

 

Según Viso (2004) “El ron carupanero era muy famoso dentro, y aún fuera del país, exportándose desde 1883. En 1886 se ofrecía, en los periódicos de 12 Caracas, el Ron Carúpano Superior, a 8 reales la botella, y el Ron Carúpano Extra, a 6 reales”. En 1890 se expendía el Ron Viejo de Carúpano, de 2,5 a 12 reales la botella, anunciándose como triunfador en la Exposición de París en 1889. En la Exposición Nacional de Venezuela celebrada en 1883, se expusieron algunas muestras de ron de Carúpano que, eran de respetable calidad. Allí figuraban los rones enviados por Tomás Massiani y Cía., José Giamarchi y Vallenilla y Marcano. Uno de la muestra, el Ron Viejo de Carúpano se fabricaba probablemente desde 1867, y se expendía a 1,50 pesos la botella en 1893, anunciándose con un envejecimiento de 25 años 30. Miguel Antoni producía el ron viejo “Giamarchi”, en su hacienda “El Muco”, la cual puso en venta en 1894. AL respecto tengo una confusión, pues no sé si Antoni producía el ron para J. Giamarchi, y si era el mismo ron que los periódicos anunciaban como “Ron Viejo de Carúpano”. En 1896 José Manuel Reyes producía el ron “Topacio”, Vendiéndola a 6 reales la botella.

 

 No todos los inmigrantes llegados a Carúpano prosperaron en la actividad comercial, como aconteció con la mayoría de los corsos, españoles e italianos, y probablemente algunos turcos. La mayoría de la inmigración anónima, la caribeña, los “otros”, eran pobres, trabajaban en oficios humildes, y eran rechazados y despreciados públicamente, como sucedió con los trinitarios, los barbadeños y los turcos.

 

Un periódico de la localidad, El Correo de Carúpano, trajo un editorial de noviembre de 1893, escrito por Luis José Mauquer, redactor y editor del periódico, ofensivo a tales extranjeros (“jurungos”) la mayoría pobres, llamándolos “sanguijuelas”: Carúpano está plagado de trinitarios y barbadeños, (esto parece una factoría africana), que a cada paso nos salen con el vagay ucapacé patiní múa... ¿Y qué diremos de los turcos? Por todas partes de la población se ven recuas de estos paisanos del sultán... Necesitamos brazos: no sanguijuelas.

 

 

Miseria de muchos y opulencia de pocos

 

    De todas las actividades desarrolladas en Carúpano, la ligada al comercio exterior era la más rentable. De una parte, estaban las exportaciones de cacao, y secundariamente de otras como café. De la otra parte, estaban las importaciones de casi todo lo que sustentaba a los grupos de mayores recursos. No he conseguido referencias directas para Carúpano, pero en otras partes del país los prósperos comerciantes de los puertos generalmente extranjeros, financiaban a los productores de los frutos de exportación. Y lo hacían cobrando altos intereses en plazos muy breves.

 

Algo similar debe haber ocurrido en la región. Además, los comerciantes extranjeros eran agentes de las compañías transportadoras, y de las agencias de seguros. Por todo ello, los comerciantes espacialmente los extranjeros, eran los líderes del colectivo carupanero. Ellos crearon órganos de representación gremial, sociedades de fomento y centros de cultura, auspiciaron el surgimiento de lugares de esparcimiento o de culto religioso, promovieron y financiaron el desarrollo de sistemas internos de transporte, y fueron abanderados en la lucha por el establecimiento de servicios públicos. Aparte de ellos, y de algunos productores, Terratenientes y comerciantes criollos prósperos, la mayor parte del pueblo carupanero y de las poblaciones vecinas vivían en condiciones miserables.

 

El Eco de Benítez, periódico de El Pilar, población situada a unos 21 kms al sur de Carúpano, informaba en una entrega de octubre de 1891, que en estas poblaciones había “familias tan pobres que se alimentaban con tan solo arepa y nada más”. La distancia que mediaba entre Carúpano y El Pilar se cubría en tres o cuatro horas de marcha y, sin embargo, la correspondencia entre las dos poblaciones llegaba con un mes de retraso. Carúpano y las poblaciones que le eran inmediatas (El Rincón, El Pilar, Guaraunos, Tunapuy) estaban “unidas por un


Pésimo camino primitivo, que está lejos de ser un camino de recuas”. Y así sucedía en toda la sección Cumaná. Por ello el transporte de los bienes era irregular, lento y costoso, especialmente en el caso de los frutos “menores” que: no se pueden traer a pesar de su ínfimo valor, porque el de su transporte lo haría subir a un precio tal que no podría conseguirse en el mercado.

 

Este era un importante elemento que elevaba los precios de los artículos, y los convertía en aún más inaccesibles para los más pobres. Los agricultores sobrevivían apenas, y el peonaje era escaso y caro (un peón ganaba tres bolívares diarios en 1890, entre paga, comida y aguardiente). La pesca en toda la sección Cumaná se limitaba a muy contados empresarios o dueños de trenes de chinchorros, y se encontraba agobiada por la falta de protección oficial, los crecidos impuestos y el alto precio de la sal marina para salar los pescados. Un período denunciaba en 1891, lo expandido que estaba el concubinato debido a la pobreza de la población, pues para casarse la gente tenía que pagar, a pesar de que en el papel el servicio era gratuito.

 

El pueblo carupanero estaba desasistido en aspectos sanitarios, al igual que el resto del país, especialmente la provincia, durante todo el siglo XIX. De vez en cuando aparecía en el poblado un médico charlatán, un sanalotodo, como sucedió en 1893 con el profesor H. Winter, un “indo-americano” que se hacía llamar “El salvador de la humanidad”, que se jactaba, al menos eso decía, de hablar once idiomas y se ofrecía para curar callos, juanetes, verrugas, uñas “clavadas”, sin causar dolor y sin sacar sangre. Lo usual era que el pueblo calmara sus dolencias recurriendo a un curandero o auto recetándose con hierbas, infusiones o ungüentos. En las boticas, entre víveres diversos y herramientas, destacaban los frascos de sulfato de berberina, sulfato de quinina, bromuro de estroncio, yodo, eucalipto, grageas ferruginosas, depurativos, jarabes, reconstituyentes como el vino de Hemoglobina o el extracto de carne de Liebig y las infaltables panaceas, bálsamos y zarzaparrillas.

 

 Los practicantes de dentistería sacaban muelas, sin asepsia y sin responsabilidad, hasta que, a principios de 1895, se estableció en Carúpano un verdadero dentista, el Dr. Alfredo Salas Baiz. Para una población tan pequeña, abundaban las boticas: “La Protectora” y” Los Hermanos” de los hermanos Carrera Mayz, ambas operando en 1886; la “Nacional”, de José Pablo Pérez, fundada en 1877, 15 y de larga permanencia; la “América” de Luis José Silva, funcionando en 1893; la “Sucursal”, de Luis Carrera Mayz, que éste había adquirido, en marzo de 1894, de su hermano Joaquín, y la “Botica Nueva”, de Luis A. Russian, activa en 1895. Es de notar que todas estas boticas estaban ubicadas en la calle Independencia.

 

Las oportunidades de educación tampoco abundaban. La clase pudiente carupanera acostumbraba enviar sus hijos a estudiar a Francia, tal como sucedió en 1893 con los hijos de Antonio Vicentelli Orsini, Presidente del Cercle Francais de Carúpano. Para los hijos de los pobres y de las gentes de menores recursos, ocupados tempranamente en trabajar para contribuir con el sustento del hogar, las posibilidades de educarse eran casi nulas, salvo las pocas plazas que ofrecía el Colegio Federal. Persistía en 1893 la queja de que en la población había más planteles de corrupción y garitos de juego que de instrucción. Poco a poco comenzaron a abrirse algunos establecimientos educativos privados como el Instituto Bermúdez, dirigido en 1886 por Gedeón Salas. Nueve años más tarde, en 1885, funcionaba frente a la Plaza Colón el Colegio Bermúdez, bajo la dirección del Dr. Lázaro F. Reyes, que no sé si se trata del anterior Instituto Bermúdez bajo otra administración. En 1887 estaba en actividad el Colegio Santa Rosa, dirigido por José Jesús Martínez Mata. Más tarde se crearon dos escuelas más, auspiciadas por la Logia Masónica: la Escuela Nocturna Orden, dirigida por José Eugenio Reyes García, y la Escuela de la Logia “Orden” No 45, creada en 1891 por el venerable Gabriel Raffali. A partir de la década de 1880 comenzaron a dictarse cursos de música a domicilio. En 1886 funcionaba el Colegio de Música de la señorita Lyon. Luego, en 1896, el maestro Atilio Corradi ofrecía clases de piano e instrumentos de cuerda y viento. Y también se estableció un instituto de aprendizaje de idiomas extranjeros: el 29 de octubre de 1897 se creó el Instituto Anglo-francés, regentado por Armando Magalón G., para la enseñanza del inglés y del francés.

 

La prensa escrita se propagó rápidamente en el Estado Bermúdez, y especialmente en la Sección Cumaná. Esto fue una constante en la Venezuela del siglo XIX, rural, de base agrícola, analfabeta, desarticulada económica y políticamente en lo interno, con la mayor parte de la población viviendo en la estrecha franja costera montañosa del norte. La propagación de la prensa se debió a las enormes dificultades de comunicación existente entre las distintas regiones. Las ciudades portuarias, en una Venezuela tan dependiente del comercio exterior, fueron, junto con la capital y unas pocas ciudades del centro, las de mayor dinamismo económico y cultural, y donde se manifestaron más tempranamente los signos de la “modernidad”. En un artículo aparecido en marzo de 1893 en el semanario “Mariposas”, se señala que hasta 1892 sólo habían aparecido cuatro diarios en el Estado Bermúdez: el primero de ellos en Carúpano, y los tres restantes en Barcelona. El de Carúpano fue “El Día”, fundado por Aurelio Lyon y redactado por Bartolomé Tavera-Acosta, que vio la luz el primero de septiembre de 1888 y dejó de salir el 29 de agosto de 1889. La información, sin embargo, es errónea, pues otros periódicos ya habían aparecido en la localidad. Se trata de “El Eco de Paria” (1854) y “El Coco”, aparte de “El Noticioso”, supuestamente aparecido en 1870, “La Revista”, en 1884, y “El Poder Civil”, cuyo primer número salió en octubre de 1887.

 

Aparte de estos esfuerzos pioneros, Carúpano tuvo otros periódicos posteriormente, la mayor parte de ellos de frecuencia semanal “El Tipógrafo” (No. 1: 18.02.1889); “Un Periódico” (No. 1: agosto 1889); “El Precursor” (No. 1: febrero 1891); “El Eco Nacional” (No. 1: 1891); “El Gladiador” (No. 1: 1892); “El Expreso” (No. 1: 30.04.1892); “Mariposas” (No. 1: 11.02.1893); “El Correo de Carúpano” (No. 1: 27.04. 1893); “El Memorandum” (No. 1: 06.03.1894); “El Heraldo” (No. 1:

28.09.1895); “Ecos Juveniles” (No. 1: 10.10.1897), etc.

 

Se llevaban libros de Carúpano, importados desde Francia y España por el establecimiento de Juan Pepe Salvati, que, en 1892, funcionaba como barbería, perfumería, librería y hasta tenía anexo un botiquín: “El Vesubio”. Salvati, con su pequeña librería, popularizó las obras de escritores españoles, franceses e ingleses. Allí entre frascos de perfumes tan usados en el carnaval, era posible encontrar, en 1893, novelas, libros de poesía o de teatro, o ensayos de autores como Chautebriand, Lamartine, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Julio Verne, Alfredo de Musset, Xavier de Montepin, Guy de Mauppassant, Espronceda, Zorrilla, Campoamor Castelar, Pérez Galdós, Pardo Bazán, Calderón de la Barca, Quevedo, etc. Desgraciadamente, los precios no eran accesibles al grueso de la población. Por ejemplo, “El Carácter” de Samuel Smiles costaba $ 2,50, igual que “Un Viaje de Novios” de E. Pardo Bazán o los “Discursos Académicos” de Emilio Castelar. Por igual suma podía adquirirse, para comparar, dos botellas de ron viejo Giamarchi, o media fanega de cacao, o se pagaban los gastos de hospedaje y comida de un hotel durante dos días, o casi se podía adquirir un reloj de níquel en la relojería de Carlos Loges. Los libros se podían empastar en el establecimiento de Manuel Tobías Visso, quien, en 1893, era además agente de la “Librería Española” de L. Puig Ros, que despachaba desde Caracas. Sobre las técnicas y los materiales usados en la construcción de viviendas se sabe muy poco, salvo que la primera casa moderna de concreto fue construida en 1896 por Joseph Couleau, cerca del puerto, al comienzo de la calle de la Independencia.

 

 

 Modernizan los servicios...

 

El 24 de agosto de 1862 la Sociedad de Fomento de Carúpano, fundada por el coronel Manuel Narvarte y presidida entonces por Luis Marcano, exigió al Concejo Municipal del Cantón algunas obras urgentes para la población, entre ellas el trazado de caminos para enlazarla con las poblaciones vecinas, el suministro de agua potable y la reparación del ruinoso muelle. Nada de eso fue entonces cumplido, por lo que tales pedimentos se reiteraban de tiempo en tiempo. En 1894 se “exigió” de nuevo el arreglo del muelle (“que amenaza ruina”), la construcción de un acueducto y de un puente. Esta vez, sin embargo, consolidada la producción de cacao y desarrollado el comercio carupanero, se había creado las condiciones para estimular la “llegada del progreso”, aunque fuese un progreso de fachada, que buscaba embellecer las poblaciones sin crear los medios para que la riqueza fluyera y se distribuyera más equitativamente entre todos los que la hacían posible. Así, mientras la ciudad de Carúpano se “modernizaba”, sus pobladores se empobrecían.

 

En 1889 Venezuela contaba con 4.179 Kms. de líneas telegráficas, que se habían extendido a la región oriental. En 1884 Güiria estaba incorporada al servicio telegráfico, y en 1889 Caracas se comunicaba telegráficamente con el oriente, enlazada con Río Chico, Barcelona, Cumaná, Carúpano y Güiria. Tales líneas eran destruidas parcialmente por los levantamientos armados, por lo que en 1893 se procedió a restablecerlas con Cumaná, Barcelona, Caracas, continuándose el empalme con la de Güiria.

 

El servicio telefónico todavía no se había instalado en Carúpano en 1896, aunque un telefonista residente en Curazao gestionaba un contrato para establecerlo. Al fin se hizo en 1897, ya que algunos establecimientos comerciales contaban con teléfonos. Años atrás, en 1893, el Sr. Barletta, empresario del teléfono en Ciudad Bolívar, había firmado un contrato para instalarlo en los Distritos Arismendi y Benítez. De acuerdo con Salazar León (1983), “Carúpano disponía desde 1878 de un cable submarino, que la comunicaba con Le Havre, Francia”. En 1898 el gobierno nacional firmó un contrato con un alemán para el tendido de cable aéreo para el transporte de azufre de “Las Minas” a Carúpano, en una extensión de 18 kilómetros. El 28 de mayo de 1884 se firmó un contrato para la construcción de un ferrocarril entre Carúpano y Tunapuy, actuando como contratistas Pedro Pablo Escalona, pero este contrato resultó fallido. El camino de Carúpano a Tunapuy fue decretado durante el gobierno de Guzmán Blanco, y comenzó su construcción el primero de enero de 1876, pero fue suspendida el 25 de agosto de ese año, construyéndose tan sólo 2.706 metros de camino.

 

El 29 de agosto de 1883 fue fundada la C.A. de Tranvías de Carúpano, presidida por José Núñez Rombarg. En 1886 tenía un capital de Bs. 64.000, y se daba en contrato de arrendamiento por licitación. A. Escobar y Juan A. Subero fueron contratistas. Entonces, el presidente de la compañía era Mateo Guerra Moreno y tenía como compañeros de junta directiva a Juan Orsini, Juan F. Benedetti, Agustín Lucca, D. Velutini y Ramón Silva Cova. En 1891 el corso Domingo Pieri negoció la compra del Tranvía, cuyo capital ya alcanzaba a Bs.77.00081, y ya en 1893 aparece como el administrador del servicio.

 

 En 1893 el viejo muelle confrontaba grandes problemas y estaba a punto de caerse, a pesar de algunos arreglos que se le hicieron por cuenta del comerciante T. Massiani. Ese mismo año fue refaccionado el mercado público de la ciudad. Una de las grandes obras de aquella época fue el acueducto, que se nutría de las aguas del Macarapana. Gestionado infructuosamente desde 1886, fue finalmente aprobado en 1892, habiéndosele encargado la construcción al empresario R. Octavio Marcano y al ingeniero Pablo Heraclio Carranza, pero otra vez ese intento se frustró. En 1896 se revivió la iniciativa, y el 11 de enero se constituyó la C.A. Acueducto de Carúpano, presidida por Vicente Giuliano Franceschi, actuando como director artístico de la obra Henrique A. Harwood, dueño también de una fábrica de hielo. Doscientas toneladas de tuberías fueron encargadas a Inglaterra a un costo de Bs. 50.000, y desde enero de 1896 comenzaron a instalarse en el valle de Macarapana. El capital de la compañía era de Bs. 236.500 y se estimaba cobrar Bs. 12 por el servicio mensual en las casas particulares, dejándose gratuito el uso de los surtidores públicos de agua. Gracias a la preocupación de un grupo de ciudadanos encabezados por Mateo Guerra Marcano, Francisco Requena, Andrés Rolando Sucesores, la obra pudo ser inaugurada el 14 de noviembre de 1896. Los actos de inauguración comenzaron en la Plaza Santa Rosa a las 9 de la mañana. Se realizó una “gran carrera de ciclistas” en la calle Santa Rosa. Ese día hablaron el Dr. José Jesús Russian, F.A. Barberii y José Jesús Martínez Villanueva. El poeta Barberii recitó unos versos alusivos, de los cuales presentamos un fragmento: A medio siglo, pasado de la sed de los rigores Pone el término deseado Nuestro Acueducto, señores Luego se ofreció un Tedeum y se puso en funcionamiento la pila de agua de la Plaza Colón, así como los otros surtidores. El día 15 se hizo un paseo a caballo hasta el pueblo de Macarapana para inaugurar el surtidor.

 

En la noche se realizó una función de gala en el Teatro, presentándose el

Drama “Juan José”, de Dicenta. La Logia Masónica “Virtud y Orden” decidió levantar el 5 de noviembre de 1896 una pila pública en la Plaza de San Juan, contigua al templo masónico, para abastecer de agua a las familias pobres del vecindario. En 1896 Carúpano se alumbra con lámparas de kerosene. Prestando tal servicio, el Concejo Municipal gastaba 400 pesos mensuales.

 

A principios de ese año, El Correo de Carúpano traía entre sus avisos el ofrecimiento de lámparas sin tubos ni mechas que funcionaban con un sistema eléctrico o de gas. Ese mismo año gestionó un contrato con el Sr. Freeman para establecer el alumbrado eléctrico en la ciudad, proponiéndose la instalación de focos y bujías para las casas particulares suscriptoras del servicio. No obstante, el alumbrado eléctrico no se hizo realidad en aquella ocasión. En 1898 se intentó construir la C.A. del Alumbrado Eléctrico con resultados infructuosos, hasta que finalmente se logró organizar el 20 de agosto de 1899.

 

Otros servicios también surgieron con el crecimiento de la ciudad. En 1886 se estableció la barbería de Eusebio Rosario. En 1887 la relojería de Carlos Loges. En 1893 la ferretería de Raffali Hermanos, la “Sastrería Moderna” de Martín González Velázquez, la Barbería de Juan Pepe Salvati, con su anexo de librería y botiquín, la Barbería “Las Flores” de Nicanor Ramírez, la “Fotografía Artística” de Aurelio Lyon. En 1896 se estableció la Herrería de Alberto Coupaa, y en 1898 la Sastrería “La Moda” de Rodolfo Miguel. Y comenzaron a llegar las máquinas de lavar Horton estadounidenses, y de coser en el establecimiento de Juan Orsini en 1891, así como velocípedos, pesos de plataforma, y máquinas de pedal, de mano y de vapor para trabajarlas maderas y los metales en 1895, etc.

 

 Un espacio para el esparcimiento

 

 La ciudad amplió sus lugares de esparcimiento, promovidos por lo intelectuales y los comerciantes. En 1893 Bartolomé Tavera-Acosta se quejaba de que “Aquí, ni un Ateneo, ni un círculo, ni un libro nada, y clamaba “Arriba, pensadores”. Pero en esos años las cosas cambiaron. Primero fue el juego y el baile. Después se promovió el culto de las artes. Se habían establecido salones de billar, como el de Andrés Escobar en 1889, y proliferaban los garitos de juego. Habían suntuosas recepciones donde se bailaba el baile de moda en 1893, que era el Barn Dance, y se criticaba por la prensa a los que se auto invitaban a todas las fiestas, llamándolos “platos de toda boda”. En 1897, con la llegada de las sorbeteras Lighting-Freezen y GenFreezen, vendidas por Juan Orsini, se pusieron de moda los helados. Y se celebraba con toda pompa algunas fiestas como el carnaval. Recordemos el carnaval de 1894, que se celebró durante tres días. El primero, el festejo comenzó a las 6 am, con nueve cañonazos desde la Vigía del Puerto, y luego tuvo lugar un paseo cívico por toda la población, acompañando con música y fuegos artificiales, a don “Juan Carnaval”, personaje típico de la festividad local, y se cerró con un juego de toros en la calle de Carabobo.

 

 El segundo día la gente se reunió en la plaza Santa Rosa para el paseo en los tranvías, y a las 4 de la tarde se realizó una corrida de coronas y cintas en el malecón y de regatas en la rada. El tercer día se aplicaron “multas” a los que no colaboraron con el programa, y en la tarde se despidió a “Juan Carnaval” en la plaza Colón. La gente pudiente concurría al Teatro, otra de las grandes obras de la ciudad promovida por los comerciantes. Antes de inaugurarse el teatro se realizaban algunos conciertos en lugares improvisados, como sucedió en 1886 con el concierto organizado por Aurelio Lyon para celebrar el tercer centenario de Santa Rosa de Lima, la patrona de la ciudad, o cuando se presentó la Compañía Wallace. Las obras de teatro se escenificaban en un lugar que llamaban el “merkiteatro”, que era un mercado con pretensiones de teatro. Allí se presentaban espectáculos de todo tipo, como el montado en octubre de 1895 por la Compañía Hispano-Americana de Zarzuelas, dirigida por el tenor cómico Venezolano Guillermo Bolívar, o la presentación de la Compañía de Miguel Navarro. En esta ocasión, los espectadores de la localidad de “gallinero” armaron un gran bochinche, levantándose continuamente de los asientos, empujando, hablando a gritos, profiriendo obscenidades, lo que molestó sobremanera a la “gente de chaqueta”.

 

 Tanto desorden repetido estimuló a los comerciantes a construir una sede más apropiada para el Teatro. El 8 de marzo de 1896 fue constituida la C.A. de Teatro de Carúpano, promovida inicialmente por Aurelio Lyon, Jaime Mayz, Juan Smitter y José Paván. De inmediato se solicitaron los materiales para la construcción a Trinidad. En mayo ya habían llegado a bordo del vapor “Manzanares”. Con la ayuda de otros comerciantes, Manuel Russian y Luis Massiani, la obra se terminó, y fue inaugurada el 28 de octubre de ese año. A las ocho de la noche abrió el acto para entregar el local, que fue recibido por el Dr. Manuel Russian, presidente de la junta directiva del teatro, y luego se dio inicio a un largo programa musical: la obertura de la ópera Mazanielo; la cavatina de la ópera “Roberto il Diávolo”, de Mayerbeer; el vals de concierto “Las lágrimas”; la Gran Marcha Oriental de Katerer; el paquete cómico “La lluvia de oro” de Mariano Pina; interpretaciones variadas de piano y arpa, y un madrigal leído por el tenor Conrado Ginesta. Los ejecutantes al piano la señora Gertrudis de Massiani (quien, además, cantó) y la señorita Luisa María Smitter. El Sr. Juan Micucci tocó dos piezas de concierto en el arpa.

 

En ese mismo local, tres años más tarde, en junio de 1899, José Filippi ofreció una función de cinematógrafo, valiéndose de “sorprendentes vistas del aparato Lumiére”. Filippi era un empresario de cine itinerante, que a continuación partió para Río Caribe. En la ciudad actuaban, además, dos sociedades, dirigidas por inmigrantes franceses, que hicieron una gran labor de animación de la vida Cultural de Carúpano: el Cercle Francais y la Sociedad Colombina. El Cercle Francais, creado en la década de los 80, conmemoraba cada año el 14 de julio aniversario de la Toma de la Bastilla durante la Revolución Francesa. En 1886 lo celebraron con una soirée el día 13 y un banquete el día 14. En 1893 fue presidida por Antonio Vicentelli Orsini en su sede de la calle de la Independencia, frente a la barbería De Salvati. La Sociedad Colombina, fundada el 14 de enero de 1892, se propuso conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, edificando una estatua de Colón, la primera erigida en el país, en la ciudad de Carúpano. Presidida por el francés George Vignial en 1893, recogía fondos para sus programas haciendo circular una lotería que ofrecía premios que iban desde 40 hasta 400 bolívares.

 

 El aspecto de la ciudad

           

     Visitemos a Carúpano en junio de 1886. Era un poblado que se extendía desde el puerto, o “muelle”, hasta un poco más allá de la plaza Santa Rosa, a todo lo largo de la calle Independencia. Había otras calles (Carabobo, Santa Rosa, Cartagena, etc.), pero prácticamente toda la actividad comercial y cultural se concentraba en la calle Independencia. Allí se encontraban las posadas y los hoteles, los bares y los restaurantes, los establecimientos comerciales, las oficinas del gobierno, la iglesia principal, y los institutos educativos, así como las boticas. Entre el puerto y la Plaza Santa Rosa se encontraban, en 1886, las aduanas marítima y terrestre; la agencia consular de Estados Unidos; la Administración de Correos; el Juzgado Nacional de Hacienda; la Tipografía “El Bien Público”; el Juzgado de Primera Instancia del 4to.  Circuito Judicial; el Colegio de Gedeón Salas; la Logia “Virtud Premiada”; el Hotel Central; la agencia del Banco Comercial; la oficina de Telégrafo; las agencias de los vapores de la Mala Real, vapores holandeses, vapor de Nueva York y de la Línea de Oriente; el Colegio Santa Rosa; el Colegio de Música de la señorita Lyon; la agencia de estampillas; la oficina de rentas del Estado; la casa de huéspedes del señor Solís y casi todos los establecimientos comerciales, entre los cuales el más importante era el señor Juan Orsini.

 

La ciudad había crecido, integrada por las parroquias de Santa Rosa, Santa Catalina y Sabaneta, y su población había pasado de 8.369 habitantes en 1873 a 12.389 en 1881. Y su aspecto había cambiado: se le construyeron boulevares como el Sucre, inaugurado en 1893; se le arregló la plaza Santa Rosa, la principal del poblado, agregándole barandas; se le construyó una bella estatua en bronce a Cristóbal Colón en 1893, de 2,5 metros de altura, esculpida por el francés Leopolde Morice, el mismo que hiciera el “Monumento de la República” en París .La estatua costo Bs, 50.000, sufragados por la Sociedad Colombina, y su pedestal fue donado por el gobierno a un costo de Bs, 14.000. Y se había refaccionado la Iglesia de Santa Rosa, con su rico altar de mármol, su púlpito de torna-voz, sus cinco cuerpos, y sus columnas y arcos dóricos, y se le construyeron bellas calzadas, supervisadas por H.A. Harwood, gracias a la iniciativa de José Jesús Martínez Villanueva, “enamorado de todo lo que es ornato público”, y su lámpara de araña, donada por la colonia turca residente en la ciudad.

 

Se recolectaba dinero para construir una capilla de hierro en el Mangle, y se intentaba revivir la construcción de la Capilla de Santa Catalina, que tenía ya acopiados los materiales necesarios desde 1891. Habían, además, ciudadanos preocupados por sembrar árboles frutales y floridos en las calles, como el francés Bernard Oliver, y hasta hubo una campaña de arborización realizada por los alumnos del Colegio Federal. Pero, a pesar de tan denodados esfuerzos para embellecer la ciudad, las calles continuaban en malas condiciones, casi intransitables, convertidas en lodazales cuando llovía, por el tráfico constante de los vagones del tranvía y por el paso de las bestias, o llenas de polvo en la época de verano. El Correo de Carúpano expresaba en 1893 que: es lo más común en Carúpano ver los burros pastando en las plazas y hasta convirtiendo el atrio de la Iglesia en caballeriza: los perros mordiendo y mortificando con sus ladridos y los puercos haciendo chiqueros en las calles.

 

En el mismo periódico apareció meses más tarde un “poema” que hacía referencia al abandono imperante en la ciudad: Carúpano ostenta bonito Mercado con una alameda de maíz espigado. Quien quiera que guste bailar un fandango, transite las calles repletas de fango. Y concluía diciendo: “No hay cadencia, pero hay verdad”. Y en efecto, algunas calles y plazas estaban llenas de monte y de basura, y el cementerio permanecía abandonado. Y así continuó la ciudad por años. En 1896 el malestar continuaba. El Heraldo expresó que “Carúpano es un inmenso foco de infección. Nuestras calles son lodazales inmundos que apestan y matan gente”. Las sirvientas de muchas casas tenían la costumbre desde años atrás de “arrojar la basura a las calles y plazas”.

 

 Aproximación a la gastronomía carupanera

 

     En Carúpano había muchos establecimientos comerciales donde se expedían conservas alimenticias y licores importados. Entre ellos podemos nombrar los que pertenecían a Feliciano Requena, Ignacio Mayz Vallenilla, Jacinto Martínez, Pedro Mejías, Hnos. Rodríguez, J. Auberon, B. Mass, Pascual Gravina, Andrés Pietri, J.P. Salbati, etc., algunos de ellos operando desde 1886. Por otra parte, en los periódicos aparecían avisos de productos alimenticios de la firma de Félix Potin, de París, ofreciendo chocolates, cacao soluble, biscochos, pastelería, confitería, conservas de carne, pescado, quesos, pasatas y harinas, vino y licores finos. Era una época donde las clases pudientes consumían muchos artículos extranjeros, por razones de prestigio social, hábitos (no olvidemos que muchos eran inmigrantes europeos), o simplemente porque no había productos alternativos en el país. En Carúpano, entonces, se podían conseguir en cualquier parte licores extranjeros, particularmente cervezas de diversas marcas y procedencias: Pilsener, Pilsener B.B., Mulchener, Saptenbra, Culmbacher, Francis Kener, Augustiner, Tuborg, Porter XXX, Milwauke, así como una amplia variedad de quesos, jamones y salchichones, galletas y enlatados de todo tipo.

 

 Aparte de la elaboración de ron y de la preparación de pescado, en Carúpano se establecieron algunas fábricas relacionadas con la alimentación, como la fábrica de pastas alimenticias de Feliciano Requena, creada el 20 de agosto de 1896, y la de hielo, cuyo propietario era Henrique A. Harwood, tan vinculado a la construcción de varias obras en la ciudad. La libra de hielo se vendía a 3 centavos, y se hacían descuentos en las ventas de mayores cantidades o en el caso de las suscripciones. Por ejemplo, cuatro libras diarias se vendían a 2,5 centavos. También se elaboraban limonadas gaseosas en algunas boticas, como las de los Carrera Mayz (“La Protectora” y “Los Hermanos”), desde 1886, o en la “Botica Nacional” de José Pérez, desde 1887.

 

 En el ramo de las panaderías, la más destacada fue “La Competidora”, de José Félix Reyes o Villarroel como después se conocía, establecida en 1887 y de muy larga permanencia. En 1889 surgió la panadería “La Paloma”, de Rafael Rodríguez, y mucho más tarde, en 1899, la panadería “La Sin Competencia”, de José Carmen Navarro.

 

 En Carúpano abundaban los botiquines. Algunos de ellos ofrecían servicios de comida o de despacho de azafates. El de mayor duración y el más conocido de todos fue el Botiquín “Vesubio”, de Juan Pepe Salvati, asociado con Pedro Torrens, en la calle de la Independencia. En 1894 este botiquín se transformó en restaurante, terminándose la sociedad con Torrens, y un año más tarde se convirtió en hotel. Allí se ofrecían los jueves y los domingos, de 10.30 a 12 a.m., ravioli, macarroni, preparado por Pascual Gravina, gerente del hotel y “competente para la confección de las comidas de gran tono”. Por la gerencia de este restaurant y luego hotel pasaron varias personas que más tarde constituyeron sus propios restaurantes u hoteles: Pascual Gravina (asociado con Salvati hasta 1896), Juan Micuccci y Genaro Cardinali. Otros restaurantes fueron el de “La Marina”, abierto en 1889, de Ugueto y Salcedo; la “Fonda Italiana”, de Genaro Cardinali, en 1897, desde donde despachaban azafates a domicilio y se recibían pensionistas; el restaurante “Barcelonés”, de Rosa Bou, en 1903; el “Restaurant Italiano”, de A. Strochia, que ofrecía, en su local de la calle de Carabobo, macarrones a la italiana los días feriados, en 1905, y el restaurante y botiquín de J. Micucci, en 1906. Mención aparte merece uno de los primeros restaurantes establecidos en Carúpano. Se trata del restaurante del hotel “Sol Oriente”, de Bernardino Aponte, ubicado en la calle Cartagena. Ese restaurante se publicitaba como “caraqueño”, y cambiaba su menú semanalmente. Su carta para el 5 de septiembre de 1886, ofrecía para el almuerzo holleta ( a la caraqueña, hallacas a la Caraqueña, carne abizcochada, estofado de ternera, beefsteak a la napolitana, roast beef a la inglesa, pastelitos de leche, plátanos en tentación, beronitas imperiales, caraotas negras fritas, y para la comida (cena), sopa a la italiana, asado a la caraqueña, torta rusa, plátanos rellenos, plátanos en vino, pastelitos de pollo, dulce de piña en almíbar, torta de dulce, timbal de macarrones. La carta del 19 de septiembre, ofrecía para el almuerzo, holleta a la caraqueña, picadillo yucateco, hallacas, ropa vieja a la cubana, plátanos horneados y rellenos con queso, bacalao en leche, guisado, carne frita a la caraqueña y para la comida, sopa a la jardinera, asado mechado, lengua escabechada, batatas estofadas, guisado de pollo, torta de plátanos, buñuelos de ñame en almíbar, plátanos en vino y dulce de mamey en almíbar. Y para el 26 de septiembre, en el almuerzo, olla podrida, longanizas a la caraqueña, chuletas de cochino con petit pois, queso de cochino, papas sudadas, arroz con huesitos, chanfaina y plátanos en tentación, y para la comida, sopa de macarrones, asado mechado, pastel polvoroso de pollo, pastel turco, plátanos en vino, dulce de cereza, dulce de piña, arepas de chicharrones, bizcochuelos y ponqué. He querido citar estos tres menús de septiembre de 1899, para que el lector advierta al menos tres cosas: primero, la variedad ofrecida; segundo, la internacionalización de la cocina, y tercero, la mención de algunos platos que la tradición ha perdido o que, siendo conocidos, son de muy vieja data en nuestro país.

 

Como una curiosidad menciono que, en el establecimiento de Feliciano Requena, “La Moderna Babilonia”, se ofrecía al público, ya en 1886, jamones de Westfalia aplanchados. En 1886 había unos tres hoteles o posadas: la casa de huéspedes de Solís, el hotel “Sol de Oriente” de Bernardino Aponte y el Hotel “Central”, de Escobar y Subero. Allí el hospedaje y las tres comidas costaban siete bolívares diarios. En 1889 existía el botiquín “Vesubio”, que recibía pensionistas. En 1891 se crearon varios hoteles: “Mascotte”, de Ugueto & Jiménez; “Flor de Mayo”, de Amador Conforti y Gerónimo Pietri; el de Eugenio Vicenti. En 1893 se creó el Hotel “Santa Rosa”, de Jerónimo D. Ugueto. En 1897 surgió el “Hotel Nacional”, de Pascual Gravina y la “Fonda Italiana”, de Genaro Cardinali. En 1899 se establecieron los hoteles “Carúpano”, de Juan Micucci y “Garibaldi”, de Genaro Cardinali. En 1905 el Hotel Carúpano era propiedad de Teófilo E. Delgado, y se creó el hotel “Oriental”, de José Roura, y en 1906 surgió el “Antiguo Hotel Caracas”, de Josefa de Herrera. En la mayoría de ellos se servía a los huéspedes, y se le ofrecían medios de esparcimiento como juegos De billar, dominó y damas

 

 

REFERENCIAS

 

 

Arcila Farias, Eduardo. Economía Colonial de Venezuela. México: Fondo

De Cultura Económica, 1946, p. 327.

 

Franceschi Balan, José Vicente. (2017), El cacao en la vida venezolana y en el mundo: Editorial Tropykos Caracas.

 

Humboldt, Alejandro de, Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo

Continente. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación, 1956. 5

Tomos. 2da. ed., V, p. 148.

 

 Izard, Miguel. “La Venezuela del café vista por los viajeros del siglo XIX”. pp. 182-226, en Boletín Histórico (Fundación J. Boulton), No. 20, mayo

1969, p. 20.

 

Miranda, Leandro (¿?). Colombia: Londres, 1882, citado por M.A. Vila,

1986, p. 101.

 

            Salazar León, José. “Notas sobre la Economía de Carúpano a fines del

Siglo XIX”, pp. 221-218, en: Tierra Firme, I, No. 3, julio-septiembre

1983.

 

            Villa, Marco Aurelio. Puntos geográficos del estado Sucre. Caracas: C.V.F.,1965.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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