El cacao en nuestro país, en la península de
paria y más aún en Carúpano su puerto más importante de comercialización durante
los siglos IXX y XX ha sido un tema asiduo en los textos que se han tratado la
historia de Carúpano, pero el tema siempre fue relegado a un capitulo pequeño y
en la mayoría de las veces de corte
nostálgico para recordar nuestro gran pasado como puerto comercial de talla
internacional, lo que hoy ya no somos.
Con este trabajo se intentó dar más profundidad a la temática cacaotera durante esa época y así poder mostrar de la manera más precisa posible y con las fuentes más fidedignas, como el cacao trasformo lo que fue un pequeño puerto de una villa pesquera en uno de los puertos internacionales más importantes en Venezuela en la época.
Una ciudad con una de las inmigraciones europeas más ricas desde la colonización de estas costas caribeñas, también una de la que más se trasformó durante la época, siendo ejemplo de avances comerciales arquitectónicos, de infraestructura de la época, propiciados por las ricas relaciones comerciales cimentadas en el cacao con el viejo mundo.
El cacao en Venezuela y en el
estado Sucre es uno de los aspectos más importantes que tiene la economía,
sobre todo en Paria y muy especialmente para la ciudad de Carúpano Municipio
Bermúdez, este ha jugado un papel importante desde la conquista misma, siendo
una de las principales razones del poblamiento de paria por parte de los
conquistadores españoles, y de la posterior llegada de un sin número de
extranjeros europeos durante el siglo IXX y XX.
El caco de manera evidente ha
sido el motor que ha movido Carúpano desde sus inicios como un pequeño puerto
con miras al caribe a la ciudad bulliciosa y comercial de mediados del siglo
XX, el cacao nos colocó en el mapa otorgándonos conexiones estrechas con los
principales puertos comerciales del caribe y con el lejano continente europeo,
El cacao fue el principal rublo de explotación agrícola en toda paria desde la
llegada de los conquistadores, y desde
1830 con la inauguración de las primeras casa de comercio cacaotero
independientes de la compañía guipuzcoana Carúpano fue su puente con el mundo.
Por eso la importancia investigativa del tema es de gran envergadura e importancia, para entender los procesos históricos de la península de paria y sobre todo de la ciudad de Carúpano, y sobre todo a las trasformaciones económicas sociales y estructurales que ocasiono la explotación, comercialización, y exportación de cacao al mundo.
El cacao (Teobroma
cacao) se ha destacado como un rubro de gran importancia comercial y económica
en el ámbito mundial, ya que es utilizado como materia prima para la obtención
de diversos productos de tal manera este se puede identificar con las
transformaciones históricas, sociales, y comerciales en la economía, lo cual
tiene una importancia fundamental en la mayoría de los países subdesarrollados.
Los orígenes del cacao
se remontan al Pleistoceno cuando las distintas especies de este se adaptaron a los rápidos, seguidos
profundos y variados cambios en la biósfera que dieron lugar a islas climáticas
y en ellas se caracterizaron y formaron hasta estar presentes en el actual
periodo geológico de nuestro planeta. Algunas exploraciones lo remontan al muy
anterior Plioceno por haberse encontrado evidencias en hojas fosilizadas de ese
periodo en el norte del continente suramericano, específicamente en Venezuela
Venezuela se ha
caracterizado por tener cultivos de cacao permanente, propio de áreas
tropicales húmedas, teniendo un rendimiento por hectáreas que se desarrolla a
base de plantaciones y condiciones climáticas especiales de su uso. Es por ello
que la producción es considerada por muchos como el mejor cacao del mundo y por
sus variedades se ha cotizado a un precio muy elevado y se le denomina como
cacao fino siendo este muy cotizado en Europa en especial en Francia y Suiza;
éste tiene y ha tenido gran importancia ya que siempre ha estado presente en
forma destacada en los procesos históricos, sociales y económicos de la nación.
Las ventajas del área
geográfica de Paria y las características organolépticas del grano de cacao
criollo fueron de vital importancia y derivaron en toda la evolución y
desarrollo histórico del país en sus primeros trescientos años de dominación
colonial. Los misioneros y exploradores reportaron abundantes bosques de cacao
que tenían características criollas: suavidad en la amargura y astringencia y
muchas semejanzas con las nueces, almendras y avellanas a los cuales estaban
acostumbrados y apreciaban. Estos cacaos poseían distinciones marcadas con los
sabores de los consumidos y demandados generalmente por las sociedades mayas y
aztecas, los cuales fueron en un comienzo reportados como amargos y
astringentes para el gusto europeo.
La calidad del cacao
venezolano proviene de su gran atractivo comercial y depende básicamente de dos
factores como lo son: el cultivar, el medio y el procesamiento después de la
cosecha. En la actualidad han cambiado notablemente los criterios de
utilización de materiales de siembra, suficientemente conocidos para cada
región en particular y con el empleo de técnicas vegetativas para su
propagación, dada las restricciones de parcelas productoras de semillas.
Cabe destacar que la
ciudad de Carúpano ha sido un eje histórico cacaotero de gran importancia,
sirviendo de puerto exportador y comercial
a las mayores casas
comercializadoras de cacao desde el año
1830, ya de eso más de 300 años, gracias
a este cotizado rubro se han suscitado grandes cambios socioeconómicos, el
cacao convirtió a la ciudad de un pequeña villa portuaria con una ubicación
privilegiada para el comercio contrabandista, en uno de los puertos
comercializadores que más exportaba cacao a Europa durante el siglo IXX,
teniendo conexiones comerciales directas con el caribe, en islas como Sr Martin
y en Europa con Francia y suiza.
Se puede notar en la
región pariana y más aún en Carúpano la importancia del cacao, en su otrora
puerto exportador todavía yacen las huellas dejadas por el cacao, no solo en la
actualidad donde este comercio sigue siendo de importancia. Podemos ver al
cacao en todos y cada uno de los procesos históricos de Carúpano desde 1830 a
la actualidad, ya que por la explotación del cacao aconteció una de las más
importantes inmigraciones europeas desde la conquista, con la llegada de corsos
y holandeses que vinieron a parar a nuestras costas gracias al comercio
cacaotero con las Antillas. Podemos ver el cacao en la arquitectura de antigua
de su casco histórico, que se vio privilegia por los grandes capitales amasados
por los mantuanos de la época, y no solo podemos ver sus trasformaciones en las
clases pudientes, el cacao fue el principal rubro agrícola explotado en paria
hasta bien entrada la era Gomecista teniendo como resultado que este fuera uno
de los principales ingresos y forma de vida para el campesinado.
A pesar de su gran
importancia para la historia y la economía local todavía falta mucho que
escribir del cacao y de cómo este cimentó desde
el siglo IXX las bases de la ciudad que hoy conocemos en cuanto a esto
Franceschi menciona lo siguiente
La leyenda en torno al
cacao en Carúpano ocurre por la desinformación y mitificación de hechos
históricos que, en la nostalgia y la lejanía, se evocan sin aparente relevancia
o trascendencia, a una sociedad nacional ajena y sin vinculación a su economía,
funcionando a manera de símbolo de lo que alguna vez fuimos y que actualmente
no somos: un país agrícola y de exportación. José Vicente Franceschi Balan,
(2017), P 13
El cacao
Theobroma cacao L. es el nombre científico que recibe el árbol del cacao
o cacaotero, planta de hoja perenne de la familia Malvaceae. Theobroma
significa, en griego, alimento de los dioses, Estudios recientes demuestran que
el cacao se originó hace 5000 años en la Alta Amazonía. La teoría indica que
esta especie silvestre fue transportada en tiempos prehispánicos por los
antiguos pobladores hacia Mesoamérica donde aparentemente se la domestica para
utilizarla en rituales. La palabra cacao tiene un origen milenario, y se
remonta a los lenguajes de la familia mixe-zoque que hablaban los olmecas
antiguos, quienes fueron los primeros en cultivar dicha planta en Mesoamérica.
En maya yucateco, “Kaj” significa amargo y “Kab” significa jugo.
Alternativamente, algunos lingüistas proponen la teoría de que en el correr del
tiempo pasó por varias transformaciones fonéticas que dieron paso a la palabra
“cacaoatl”, la cual evolucionó después a “cacao”.
Los antiguos pobladores mexicas lo consideraban un árbol divino. La
palabra cacao (originalmente pronunciada kakawa) parece estar relacionada con el
idioma mixe-zoque y se refiere básicamente al nombre de la planta. Siempre nos
han dicho que el cacao es originario de México y que de allí pasó a Centro y
Sur América, pero investigaciones recientes demuestran que el cacao tiene su
origen de Venezuela (cosa que nos llena de orgullo).
El cacao en Venezuela
Cuando los españoles llegaron a Venezuela, el
cacao se encontraba extendido en diversas regiones costeras en el centro, sur y
este de la cuenca del Lago de Maracaibo, así como en el alto Orinoco .Al igual
que los aztecas, los indios venezolanos tomaban una bebida preparada con la
semilla de cacao que llamaban chacote y ofrendaban a sus dioses manteca de
cacao que quemaban en unas parrilleras de barro .Al igual que los aztecas, los
indios venezolanos utilizaban la semilla de cacao como moneda, y preparaban una
bebida con fines medicinales, cosméticos y religiosos .La variedad descubierta
por los españoles en Venezuela, es la denominada Criollo que tiene una calidad
insuperable, aunque hoy en día no queden muchos árboles de esta variedad, ya
que se introdujo la variedad del cacao trinitario, de mayor producción, pero
menor calidad.
Nos dice Miranda
(1882) que “Quince años después, en 1799, en la Nueva Andalucía se producían de
18.000 a 20.000 fanegas anuales de cacao. Y uno de los responsables de tal
aumento era la expansión del cultivo en los alrededores de Carúpano”. Del total
producido, unas 5.000 fanegas iban de contrabando a la isla de Trinidad9, con
la cual se habían establecido, por su vecindad, estrechos vínculos comerciales.
Una estimación
realizada por Juan Orsini, un comerciante establecido en Carúpano en el siglo
XIX, nos informa que para 1892 existían en la región unos 12 millones de
árboles de cacao, repartidos en partes iguales (4.000.000) entre
Carúpano-Benítez, Río Caribe-Yaguaraparo y Güiria-Irapa.
Veamos unas cuantas
cifras de exportación de cacao desde el puerto de Carúpano para apreciar la
expansión regional de la producción y de la exportación, principalmente hacia
Francia, Alemania y España.
Para 1895-96 se observa una disminución del volumen del cacao exportado desde Carúpano. El fruto había disminuido de precio en Francia, quizás por la mezcla del cacao criollo con el trinitario de inferior calidad, y los productores se vieron seriamente afectados.
El costo de producción de una fanega era de 5
pesos sencillos, mientras
Que el comercio local,
que lo adquiría para exportarlo, no pagaba más de 8 pesos por fanega. Con los
tres pesos restantes el productor no cubría sus “necesidades ordinarias”, ni
podía amortizar sus créditos, por lo que los productores preferían venderlo
directamente en la isla de Trinidad.
Además, se confrontaba una aguda escasez de
mano de obra y los salarios estaban elevándose. El Heraldo recogió en 1896 las
palabras pronunciadas por un destacado comerciante carupanero, quien se quejaba
de que allí el obrero fija el precio al empresario, exige el aumento de jornal
y si éste no se le concede lo amenaza con retirarse; impone condiciones y
trabaja el tiempo y días que se le ocurre. Mientras tanto las industrias
permanecen estacionarias y nuestras riquezas van desapareciendo por falta de
brazos.
Vienen los corsos y los “otros”
El vacío dejado por
los comerciantes españoles fue cubierto por otros comerciantes extranjeros que
se instalaron en los diferentes puertos marítimos del país. Así sucedió en
Carúpano. Los franceses, particularmente inmigrantes corsos, se establecieron
en Carúpano, donde, a partir de 1830, comenzaron a crear firmas comerciales.
Entre los pioneros destacan León Santelli y Vicente Franceschi. Franceschi, por
ejemplo, creó en 1830 la firma Franceschi y Cía., dedicada a la compra y venta
de mercancías, y luego a la exportación de cacao. En 1860, Juan Bautista Lucca,
sobrino de Franceschi, estableció su propia firma comercial. Otras importantes
empresas fueron las de Marco Angeli, en 1875; Juan S. Orsini, en 1880; Luis
Carrera Mayz, en 1885; Pablo Prosperi en 1890.
En 1893 los
principales establecimientos comerciales eran los de T. Massiani Ca.; Gerónimo
Cerisola; J. Franceschi & Co.; Julio Figuera & Cía.; J. M. Navarro y
Cía.; Raffali Hnos.; Juan F. Benedetti, Vicentelli y Santelli; A. Lucca y Cía.
Joucla y Cía.; J. Orsini e Hijos; J. A. Auberon; Ignacio Mayz Vallenilla; R.
Silvia Cova; Francisco Requena; R. Martínez Vallenilla; Vallenilla Marcano,
etc. La mayor parte de ellas dirigidas por corsos o sus descendientes.
Carúpano, y de Bs.
2,50 para los 100 Kgs. de granos.
En la ciudad había
consulados de varios países, generalmente a cargo de los propios comerciantes
de la plaza. Por ejemplo, para 1893 encontramos a Juan Antonio Orsini
representando a Francia y a Estados Unidos, o a Ignacio Marcano representando a
Brasil, o al italiano Gerónimo Cerisola representando a España y a México. Y
había también una Cámara de Comercio, creada el 8 de junio De 1895, instalados
dos años después de la de Caracas, la primera del país. Esta Cámara estaba
presidida por Juan Antonio Orsini, acompañado en la Junta Directiva por Luis
Carrera Mayz (vice-presidente) y V. Giuliani Franceschi (tesorero). El
Organismo llegó a tener su propio medio informativo, el Boletín de la Cámara de
Comercio, cuyo primer número circuló en agosto de 1896.
En Carúpano se
establecieron algunas fábricas: de tabaco y cigarrillos (“La Esperanza”,
Guillermo Emiliano Cornivel, hacia 1892); de jabón y velas esteáricas (de los
hermanos Vásquez y Rodríguez, hacia 1895); de alpargatas y pantuflas (“El
Trabajo”, de Pedro A. Plaza y Cía., en 1895); de ron; de productos
alimenticios, entre 1895 y 1896, a las cuales haré referencia más adelante.
Según Viso (2004) “El
ron carupanero era muy famoso dentro, y aún fuera del país, exportándose desde
1883. En 1886 se ofrecía, en los periódicos de 12 Caracas, el Ron Carúpano
Superior, a 8 reales la botella, y el Ron Carúpano Extra, a 6 reales”. En 1890
se expendía el Ron Viejo de Carúpano, de 2,5 a 12 reales la botella,
anunciándose como triunfador en la Exposición de París en 1889. En la
Exposición Nacional de Venezuela celebrada en 1883, se expusieron algunas
muestras de ron de Carúpano que, eran de respetable calidad. Allí figuraban los
rones enviados por Tomás Massiani y Cía., José Giamarchi y Vallenilla y
Marcano. Uno de la muestra, el Ron Viejo de Carúpano se fabricaba probablemente
desde 1867, y se expendía a 1,50 pesos la botella en 1893, anunciándose con un
envejecimiento de 25 años 30. Miguel Antoni producía el ron viejo “Giamarchi”,
en su hacienda “El Muco”, la cual puso en venta en 1894. AL respecto tengo una
confusión, pues no sé si Antoni producía el ron para J. Giamarchi, y si era el
mismo ron que los periódicos anunciaban como “Ron Viejo de Carúpano”. En 1896
José Manuel Reyes producía el ron “Topacio”, Vendiéndola a 6 reales la botella.
Un periódico de la localidad, El Correo de Carúpano, trajo un editorial de noviembre de 1893, escrito por Luis José Mauquer, redactor y editor del periódico, ofensivo a tales extranjeros (“jurungos”) la mayoría pobres, llamándolos “sanguijuelas”: Carúpano está plagado de trinitarios y barbadeños, (esto parece una factoría africana), que a cada paso nos salen con el vagay ucapacé patiní múa... ¿Y qué diremos de los turcos? Por todas partes de la población se ven recuas de estos paisanos del sultán... Necesitamos brazos: no sanguijuelas.
Miseria de muchos y
opulencia de pocos
De todas las actividades desarrolladas en Carúpano, la ligada al comercio exterior era la más rentable. De una parte, estaban las exportaciones de cacao, y secundariamente de otras como café. De la otra parte, estaban las importaciones de casi todo lo que sustentaba a los grupos de mayores recursos. No he conseguido referencias directas para Carúpano, pero en otras partes del país los prósperos comerciantes de los puertos generalmente extranjeros, financiaban a los productores de los frutos de exportación. Y lo hacían cobrando altos intereses en plazos muy breves.
Algo similar debe haber ocurrido en la región. Además, los comerciantes extranjeros eran agentes de las compañías transportadoras, y de las agencias de seguros. Por todo ello, los comerciantes espacialmente los extranjeros, eran los líderes del colectivo carupanero. Ellos crearon órganos de representación gremial, sociedades de fomento y centros de cultura, auspiciaron el surgimiento de lugares de esparcimiento o de culto religioso, promovieron y financiaron el desarrollo de sistemas internos de transporte, y fueron abanderados en la lucha por el establecimiento de servicios públicos. Aparte de ellos, y de algunos productores, Terratenientes y comerciantes criollos prósperos, la mayor parte del pueblo carupanero y de las poblaciones vecinas vivían en condiciones miserables.
El Eco de Benítez, periódico de El Pilar, población situada a unos 21 kms al sur de Carúpano, informaba en una entrega de octubre de 1891, que en estas poblaciones había “familias tan pobres que se alimentaban con tan solo arepa y nada más”. La distancia que mediaba entre Carúpano y El Pilar se cubría en tres o cuatro horas de marcha y, sin embargo, la correspondencia entre las dos poblaciones llegaba con un mes de retraso. Carúpano y las poblaciones que le eran inmediatas (El Rincón, El Pilar, Guaraunos, Tunapuy) estaban “unidas por un
Pésimo camino
primitivo, que está lejos de ser un camino de recuas”. Y así sucedía en toda la
sección Cumaná. Por ello el transporte de los bienes era irregular, lento y
costoso, especialmente en el caso de los frutos “menores” que: no se pueden
traer a pesar de su ínfimo valor, porque el de su transporte lo haría subir a
un precio tal que no podría conseguirse en el mercado.
Este era un importante
elemento que elevaba los precios de los artículos, y los convertía en aún más
inaccesibles para los más pobres. Los agricultores sobrevivían apenas, y el
peonaje era escaso y caro (un peón ganaba tres bolívares diarios en 1890, entre
paga, comida y aguardiente). La pesca en toda la sección Cumaná se limitaba a muy
contados empresarios o dueños de trenes de chinchorros, y se encontraba
agobiada por la falta de protección oficial, los crecidos impuestos y el alto
precio de la sal marina para salar los pescados. Un período denunciaba en 1891,
lo expandido que estaba el concubinato debido a la pobreza de la población,
pues para casarse la gente tenía que pagar, a pesar de que en el papel el
servicio era gratuito.
El pueblo carupanero
estaba desasistido en aspectos sanitarios, al igual que el resto del país,
especialmente la provincia, durante todo el siglo XIX. De vez en cuando
aparecía en el poblado un médico charlatán, un sanalotodo, como sucedió en 1893
con el profesor H. Winter, un “indo-americano” que se hacía llamar “El salvador
de la humanidad”, que se jactaba, al menos eso decía, de hablar once idiomas y
se ofrecía para curar callos, juanetes, verrugas, uñas “clavadas”, sin causar
dolor y sin sacar sangre. Lo usual era que el pueblo calmara sus dolencias
recurriendo a un curandero o auto recetándose con hierbas, infusiones o
ungüentos. En las boticas, entre víveres diversos y herramientas, destacaban
los frascos de sulfato de berberina, sulfato de quinina, bromuro de estroncio,
yodo, eucalipto, grageas ferruginosas, depurativos, jarabes, reconstituyentes
como el vino de Hemoglobina o el extracto de carne de Liebig y las infaltables
panaceas, bálsamos y zarzaparrillas.
Los practicantes de dentistería sacaban
muelas, sin asepsia y sin responsabilidad, hasta que, a principios de 1895, se
estableció en Carúpano un verdadero dentista, el Dr. Alfredo Salas Baiz. Para
una población tan pequeña, abundaban las boticas: “La Protectora” y” Los
Hermanos” de los hermanos Carrera Mayz, ambas operando en 1886; la “Nacional”,
de José Pablo Pérez, fundada en 1877, 15 y de larga permanencia; la “América”
de Luis José Silva, funcionando en 1893; la “Sucursal”, de Luis Carrera Mayz,
que éste había adquirido, en marzo de 1894, de su hermano Joaquín, y la “Botica
Nueva”, de Luis A. Russian, activa en 1895. Es de notar que todas estas boticas
estaban ubicadas en la calle Independencia.
Las oportunidades de
educación tampoco abundaban. La clase pudiente carupanera acostumbraba enviar
sus hijos a estudiar a Francia, tal como sucedió en 1893 con los hijos de
Antonio Vicentelli Orsini, Presidente del Cercle Francais de Carúpano. Para los
hijos de los pobres y de las gentes de menores recursos, ocupados tempranamente
en trabajar para contribuir con el sustento del hogar, las posibilidades de
educarse eran casi nulas, salvo las pocas plazas que ofrecía el Colegio
Federal. Persistía en 1893 la queja de que en la población había más planteles
de corrupción y garitos de juego que de instrucción. Poco a poco comenzaron a
abrirse algunos establecimientos educativos privados como el Instituto Bermúdez,
dirigido en 1886 por Gedeón Salas. Nueve años más tarde, en 1885, funcionaba
frente a la Plaza Colón el Colegio Bermúdez, bajo la dirección del Dr. Lázaro
F. Reyes, que no sé si se trata del anterior Instituto Bermúdez bajo otra
administración. En 1887 estaba en actividad el Colegio Santa Rosa, dirigido por
José Jesús Martínez Mata. Más tarde se crearon dos escuelas más, auspiciadas
por la Logia Masónica: la Escuela Nocturna Orden, dirigida por José Eugenio
Reyes García, y la Escuela de la Logia “Orden” No 45, creada en 1891 por el
venerable Gabriel Raffali. A partir de la década de 1880 comenzaron a dictarse
cursos de música a domicilio. En 1886 funcionaba el Colegio de Música de la
señorita Lyon. Luego, en 1896, el maestro Atilio Corradi ofrecía clases de
piano e instrumentos de cuerda y viento. Y también se estableció un instituto
de aprendizaje de idiomas extranjeros: el 29 de octubre de 1897 se creó el
Instituto Anglo-francés, regentado por Armando Magalón G., para la enseñanza
del inglés y del francés.
La prensa escrita se
propagó rápidamente en el Estado Bermúdez, y especialmente en la Sección
Cumaná. Esto fue una constante en la Venezuela del siglo XIX, rural, de base
agrícola, analfabeta, desarticulada económica y políticamente en lo interno,
con la mayor parte de la población viviendo en la estrecha franja costera
montañosa del norte. La propagación de la prensa se debió a las enormes
dificultades de comunicación existente entre las distintas regiones. Las
ciudades portuarias, en una Venezuela tan dependiente del comercio exterior,
fueron, junto con la capital y unas pocas ciudades del centro, las de mayor
dinamismo económico y cultural, y donde se manifestaron más tempranamente los
signos de la “modernidad”. En un artículo aparecido en marzo de 1893 en el
semanario “Mariposas”, se señala que hasta 1892 sólo habían aparecido cuatro
diarios en el Estado Bermúdez: el primero de ellos en Carúpano, y los tres
restantes en Barcelona. El de Carúpano fue “El Día”, fundado por Aurelio Lyon y
redactado por Bartolomé Tavera-Acosta, que vio la luz el primero de septiembre
de 1888 y dejó de salir el 29 de agosto de 1889. La información, sin embargo,
es errónea, pues otros periódicos ya habían aparecido en la localidad. Se trata
de “El Eco de Paria” (1854) y “El Coco”, aparte de “El Noticioso”,
supuestamente aparecido en 1870, “La Revista”, en 1884, y “El Poder Civil”,
cuyo primer número salió en octubre de 1887.
Aparte de estos
esfuerzos pioneros, Carúpano tuvo otros periódicos posteriormente, la mayor
parte de ellos de frecuencia semanal “El Tipógrafo” (No. 1: 18.02.1889); “Un
Periódico” (No. 1: agosto 1889); “El Precursor” (No. 1: febrero 1891); “El Eco
Nacional” (No. 1: 1891); “El Gladiador” (No. 1: 1892); “El Expreso” (No. 1:
30.04.1892); “Mariposas” (No. 1: 11.02.1893); “El Correo de Carúpano” (No. 1:
27.04. 1893); “El Memorandum” (No. 1: 06.03.1894); “El Heraldo” (No. 1:
28.09.1895); “Ecos
Juveniles” (No. 1: 10.10.1897), etc.
Se llevaban libros de
Carúpano, importados desde Francia y España por el establecimiento de Juan Pepe
Salvati, que, en 1892, funcionaba como barbería, perfumería, librería y hasta
tenía anexo un botiquín: “El Vesubio”. Salvati, con su pequeña librería,
popularizó las obras de escritores españoles, franceses e ingleses. Allí entre
frascos de perfumes tan usados en el carnaval, era posible encontrar, en 1893,
novelas, libros de poesía o de teatro, o ensayos de autores como Chautebriand,
Lamartine, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Julio Verne, Alfredo de Musset, Xavier
de Montepin, Guy de Mauppassant, Espronceda, Zorrilla, Campoamor Castelar,
Pérez Galdós, Pardo Bazán, Calderón de la Barca, Quevedo, etc.
Desgraciadamente, los precios no eran accesibles al grueso de la población. Por
ejemplo, “El Carácter” de Samuel Smiles costaba $ 2,50, igual que “Un Viaje de
Novios” de E. Pardo Bazán o los “Discursos Académicos” de Emilio Castelar. Por
igual suma podía adquirirse, para comparar, dos botellas de ron viejo
Giamarchi, o media fanega de cacao, o se pagaban los gastos de hospedaje y
comida de un hotel durante dos días, o casi se podía adquirir un reloj de
níquel en la relojería de Carlos Loges. Los libros se podían empastar en el
establecimiento de Manuel Tobías Visso, quien, en 1893, era además agente de la
“Librería Española” de L. Puig Ros, que despachaba desde Caracas. Sobre las
técnicas y los materiales usados en la construcción de viviendas se sabe muy
poco, salvo que la primera casa moderna de concreto fue construida en 1896 por
Joseph Couleau, cerca del puerto, al comienzo de la calle de la Independencia.
Modernizan los servicios...
El 24 de agosto de 1862 la Sociedad de Fomento de Carúpano, fundada por el coronel Manuel Narvarte y presidida entonces por Luis Marcano, exigió al Concejo Municipal del Cantón algunas obras urgentes para la población, entre ellas el trazado de caminos para enlazarla con las poblaciones vecinas, el suministro de agua potable y la reparación del ruinoso muelle. Nada de eso fue entonces cumplido, por lo que tales pedimentos se reiteraban de tiempo en tiempo. En 1894 se “exigió” de nuevo el arreglo del muelle (“que amenaza ruina”), la construcción de un acueducto y de un puente. Esta vez, sin embargo, consolidada la producción de cacao y desarrollado el comercio carupanero, se había creado las condiciones para estimular la “llegada del progreso”, aunque fuese un progreso de fachada, que buscaba embellecer las poblaciones sin crear los medios para que la riqueza fluyera y se distribuyera más equitativamente entre todos los que la hacían posible. Así, mientras la ciudad de Carúpano se “modernizaba”, sus pobladores se empobrecían.
En 1889 Venezuela
contaba con 4.179 Kms. de líneas telegráficas, que se habían extendido a la
región oriental. En 1884 Güiria estaba incorporada al servicio telegráfico, y
en 1889 Caracas se comunicaba telegráficamente con el oriente, enlazada con Río
Chico, Barcelona, Cumaná, Carúpano y Güiria. Tales líneas eran destruidas
parcialmente por los levantamientos armados, por lo que en 1893 se procedió a
restablecerlas con Cumaná, Barcelona, Caracas, continuándose el empalme con la
de Güiria.
El servicio telefónico
todavía no se había instalado en Carúpano en 1896, aunque un telefonista
residente en Curazao gestionaba un contrato para establecerlo. Al fin se hizo
en 1897, ya que algunos establecimientos comerciales contaban con teléfonos.
Años atrás, en 1893, el Sr. Barletta, empresario del teléfono en Ciudad
Bolívar, había firmado un contrato para instalarlo en los Distritos Arismendi y
Benítez. De acuerdo con Salazar León (1983), “Carúpano disponía desde 1878 de
un cable submarino, que la comunicaba con Le Havre, Francia”. En 1898 el
gobierno nacional firmó un contrato con un alemán para el tendido de cable
aéreo para el transporte de azufre de “Las Minas” a Carúpano, en una extensión
de 18 kilómetros. El 28 de mayo de 1884 se firmó un contrato para la
construcción de un ferrocarril entre Carúpano y Tunapuy, actuando como
contratistas Pedro Pablo Escalona, pero este contrato resultó fallido. El
camino de Carúpano a Tunapuy fue decretado durante el gobierno de Guzmán
Blanco, y comenzó su construcción el primero de enero de 1876, pero fue
suspendida el 25 de agosto de ese año, construyéndose tan sólo 2.706 metros de
camino.
El 29 de agosto de
1883 fue fundada la C.A. de Tranvías de Carúpano, presidida por José Núñez
Rombarg. En 1886 tenía un capital de Bs. 64.000, y se daba en contrato de
arrendamiento por licitación. A. Escobar y Juan A. Subero fueron contratistas.
Entonces, el presidente de la compañía era Mateo Guerra Moreno y tenía como
compañeros de junta directiva a Juan Orsini, Juan F. Benedetti, Agustín Lucca,
D. Velutini y Ramón Silva Cova. En 1891 el corso Domingo Pieri negoció la
compra del Tranvía, cuyo capital ya alcanzaba a Bs.77.00081, y ya en 1893
aparece como el administrador del servicio.
En la noche se realizó
una función de gala en el Teatro, presentándose el
Drama “Juan José”, de
Dicenta. La Logia Masónica “Virtud y Orden” decidió levantar el 5 de noviembre
de 1896 una pila pública en la Plaza de San Juan, contigua al templo masónico,
para abastecer de agua a las familias pobres del vecindario. En 1896 Carúpano
se alumbra con lámparas de kerosene. Prestando tal servicio, el Concejo
Municipal gastaba 400 pesos mensuales.
A principios de ese año, El Correo de Carúpano traía entre sus avisos el ofrecimiento de lámparas sin tubos ni mechas que funcionaban con un sistema eléctrico o de gas. Ese mismo año gestionó un contrato con el Sr. Freeman para establecer el alumbrado eléctrico en la ciudad, proponiéndose la instalación de focos y bujías para las casas particulares suscriptoras del servicio. No obstante, el alumbrado eléctrico no se hizo realidad en aquella ocasión. En 1898 se intentó construir la C.A. del Alumbrado Eléctrico con resultados infructuosos, hasta que finalmente se logró organizar el 20 de agosto de 1899.
Otros servicios también surgieron con el crecimiento de la ciudad. En 1886 se estableció la barbería de Eusebio Rosario. En 1887 la relojería de Carlos Loges. En 1893 la ferretería de Raffali Hermanos, la “Sastrería Moderna” de Martín González Velázquez, la Barbería de Juan Pepe Salvati, con su anexo de librería y botiquín, la Barbería “Las Flores” de Nicanor Ramírez, la “Fotografía Artística” de Aurelio Lyon. En 1896 se estableció la Herrería de Alberto Coupaa, y en 1898 la Sastrería “La Moda” de Rodolfo Miguel. Y comenzaron a llegar las máquinas de lavar Horton estadounidenses, y de coser en el establecimiento de Juan Orsini en 1891, así como velocípedos, pesos de plataforma, y máquinas de pedal, de mano y de vapor para trabajarlas maderas y los metales en 1895, etc.
En ese mismo local,
tres años más tarde, en junio de 1899, José Filippi ofreció una función de
cinematógrafo, valiéndose de “sorprendentes vistas del aparato Lumiére”.
Filippi era un empresario de cine itinerante, que a continuación partió para
Río Caribe. En la ciudad actuaban, además, dos sociedades, dirigidas por
inmigrantes franceses, que hicieron una gran labor de animación de la vida
Cultural de Carúpano: el Cercle Francais y la Sociedad Colombina. El Cercle
Francais, creado en la década de los 80, conmemoraba cada año el 14 de julio
aniversario de la Toma de la Bastilla durante la Revolución Francesa. En 1886
lo celebraron con una soirée el día 13 y un banquete el día 14. En 1893 fue
presidida por Antonio Vicentelli Orsini en su sede de la calle de la Independencia,
frente a la barbería De Salvati. La Sociedad Colombina, fundada el 14 de enero
de 1892, se propuso conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de
América, edificando una estatua de Colón, la primera erigida en el país, en la
ciudad de Carúpano. Presidida por el francés George Vignial en 1893, recogía
fondos para sus programas haciendo circular una lotería que ofrecía premios que
iban desde 40 hasta 400 bolívares.
La ciudad había
crecido, integrada por las parroquias de Santa Rosa, Santa Catalina y Sabaneta,
y su población había pasado de 8.369 habitantes en 1873 a 12.389 en 1881. Y su
aspecto había cambiado: se le construyeron boulevares como el Sucre, inaugurado
en 1893; se le arregló la plaza Santa Rosa, la principal del poblado,
agregándole barandas; se le construyó una bella estatua en bronce a Cristóbal
Colón en 1893, de 2,5 metros de altura, esculpida por el francés Leopolde
Morice, el mismo que hiciera el “Monumento de la República” en París .La
estatua costo Bs, 50.000, sufragados por la Sociedad Colombina, y su pedestal
fue donado por el gobierno a un costo de Bs, 14.000. Y se había refaccionado la
Iglesia de Santa Rosa, con su rico altar de mármol, su púlpito de torna-voz,
sus cinco cuerpos, y sus columnas y arcos dóricos, y se le construyeron bellas
calzadas, supervisadas por H.A. Harwood, gracias a la iniciativa de José Jesús
Martínez Villanueva, “enamorado de todo lo que es ornato público”, y su lámpara
de araña, donada por la colonia turca residente en la ciudad.
Se recolectaba dinero
para construir una capilla de hierro en el Mangle, y se intentaba revivir la
construcción de la Capilla de Santa Catalina, que tenía ya acopiados los
materiales necesarios desde 1891. Habían, además, ciudadanos preocupados por
sembrar árboles frutales y floridos en las calles, como el francés Bernard
Oliver, y hasta hubo una campaña de arborización realizada por los alumnos del
Colegio Federal. Pero, a pesar de tan denodados esfuerzos para embellecer la
ciudad, las calles continuaban en malas condiciones, casi intransitables,
convertidas en lodazales cuando llovía, por el tráfico constante de los vagones
del tranvía y por el paso de las bestias, o llenas de polvo en la época de
verano. El Correo de Carúpano expresaba en 1893 que: es lo más común en
Carúpano ver los burros pastando en las plazas y hasta convirtiendo el atrio de
la Iglesia en caballeriza: los perros mordiendo y mortificando con sus ladridos
y los puercos haciendo chiqueros en las calles.
En el mismo periódico
apareció meses más tarde un “poema” que hacía referencia al abandono imperante
en la ciudad: Carúpano ostenta bonito Mercado con una alameda de maíz espigado.
Quien quiera que guste bailar un fandango, transite las calles repletas de
fango. Y concluía diciendo: “No hay cadencia, pero hay verdad”. Y en efecto,
algunas calles y plazas estaban llenas de monte y de basura, y el cementerio
permanecía abandonado. Y así continuó la ciudad por años. En 1896 el malestar
continuaba. El Heraldo expresó que “Carúpano es un inmenso foco de infección.
Nuestras calles son lodazales inmundos que apestan y matan gente”. Las
sirvientas de muchas casas tenían la costumbre desde años atrás de “arrojar la
basura a las calles y plazas”.
Como una curiosidad menciono que, en el establecimiento de Feliciano Requena, “La Moderna Babilonia”, se ofrecía al público, ya en 1886, jamones de Westfalia aplanchados. En 1886 había unos tres hoteles o posadas: la casa de huéspedes de Solís, el hotel “Sol de Oriente” de Bernardino Aponte y el Hotel “Central”, de Escobar y Subero. Allí el hospedaje y las tres comidas costaban siete bolívares diarios. En 1889 existía el botiquín “Vesubio”, que recibía pensionistas. En 1891 se crearon varios hoteles: “Mascotte”, de Ugueto & Jiménez; “Flor de Mayo”, de Amador Conforti y Gerónimo Pietri; el de Eugenio Vicenti. En 1893 se creó el Hotel “Santa Rosa”, de Jerónimo D. Ugueto. En 1897 surgió el “Hotel Nacional”, de Pascual Gravina y la “Fonda Italiana”, de Genaro Cardinali. En 1899 se establecieron los hoteles “Carúpano”, de Juan Micucci y “Garibaldi”, de Genaro Cardinali. En 1905 el Hotel Carúpano era propiedad de Teófilo E. Delgado, y se creó el hotel “Oriental”, de José Roura, y en 1906 surgió el “Antiguo Hotel Caracas”, de Josefa de Herrera. En la mayoría de ellos se servía a los huéspedes, y se le ofrecían medios de esparcimiento como juegos De billar, dominó y damas
REFERENCIAS
Arcila Farias, Eduardo. Economía Colonial de Venezuela. México:
Fondo
De Cultura Económica,
1946, p. 327.
Franceschi Balan, José Vicente. (2017), El cacao en la vida venezolana y
en el mundo: Editorial Tropykos Caracas.
Humboldt, Alejandro
de, Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo
Continente. Caracas: Ediciones del Ministerio de
Educación, 1956. 5
Tomos. 2da. ed., V, p. 148.
Izard, Miguel. “La Venezuela del
café vista por los viajeros del siglo XIX”. pp. 182-226, en Boletín
Histórico (Fundación J. Boulton), No. 20, mayo
1969, p. 20.
Miranda, Leandro (¿?). Colombia: Londres, 1882, citado por M.A. Vila,
1986, p. 101.
Salazar León, José. “Notas sobre la
Economía de Carúpano a fines del
Siglo XIX”, pp.
221-218, en: Tierra Firme, I, No. 3, julio-septiembre
1983.
Villa, Marco Aurelio. Puntos
geográficos del estado Sucre. Caracas: C.V.F.,1965.
No hay comentarios:
Publicar un comentario