La
pobreza y la desigualdad campante, así como la destrucción paulatina y
constante del medio ambiente, representa un conflicto que en la actualidad se
ve acrecentado por la falta de educación en sustentabilidad por parte de los habitantes
de las zonas rurales. Se han hecho muchas reflexiones sobre la temática sobre
la optimización de las condiciones del agro en materia tecnológica, pero en
estos debates se ha evidenciado que la principal necesidad es la de una
educación rural dinamizadora que permita el cambio de las estructuras mentales
de quienes hacen vida en el campo
A
pesar de ello durante muchas décadas y de múltiples intentos fallidos por parte
del estado venezolano no se ha llegado al logro de los objetivos, siendo la
pobreza y precariedad tanto económica como educativa, de nuestros productores
agropecuarios de forma continuada. En este orden de ideas, es necesaria una
revisión de las estructuras curriculares, tanto de contenido como en formas
didácticas acopladas a nuestras necesidades actuales.
Una
educación rural que sea verdaderamente transformadora es dinamizadora de la
economía, porque proporcionalmente aumenta la conciencia del productor, tanto
de su proceso productivo como del medio, que es la tierra en sí, cambiando el
paradigma de la tierra solo como un medio de explotación, es decir esta como un
recurso.
Solo
hay desarrollo sustentable si nace desde la premisa de una educación rural con
perspectivas de futuro, con miras a una economía nueva que cubra necesidades, pero
que edifique una economía nueva, que dignifique el trabajo agrícola y pecuario,
donde desde las trincheras de las mentes jóvenes se crea un porvenir para el
agro.
En
necesaria la formación adecuada de un personal docente capacitado en la
enseñanza de la educación rural, el cual debe
disponer de la formación tanto académica como moral necesaria para guiar
a las nuevas generaciones de jóvenes de
nuestro campo a un nuevo porvenir en el que no vean al campo como una zona
estancada, carente de oportunidades de superación y a las tan importantes
actividades agrícolas como una actividad pobre y en desuso, y desmitificar el
éxodo a las zonas marginales de las ciudades como única respuesta al futuro
para los jóvenes habitantes de las zonas rurales.
Una
de las principales necesidades para este proyecto aparte de una fuerte
conciencia colectiva es el de instituciones fuertes y democráticas que impulsen
los cambios necesarios en los elementos centrales de las políticas educativas y
que a través de ellas se garanticen las transformaciones hacia las nuevas
estructuras mentales que se quieren de nuestro campo.
El
desarrollo sustentable necesita oportunidades equitativas que solo pueden
garantizarse desde una política de estado que oriente hacia la salida del ciclo
de pobreza en el cual se encuentran nuestras zonas rurales
Estas
mismas políticas han sido desde hace mucho tiempo desatendidas tanto en los
lineamientos técnicos y pedagógicos, en las anteriores dos décadas se ha
tratado la temática en educación rural como una herramienta política, siendo la
realidad que en este periodo de tiempo se ha dejado de capacitar a los
profesionales de la educación en la materia rural, se han realizado cambios
constantes en materia curricular pero los mismos han tenido poca o ninguna
incidencia real en el campo educativo. Estrategias que no han trascendido más
allá de textos publicados y engavetados. La eliminación de las escuelas
técnicas rurales ha sido también parte del legado ominoso de los últimos años
de gobierno.
Es
necesario un cambio completo de la cosmovisión del venezolano y de la visión
misma como nación, dado que el venezolano formo una estructura de identidad
alrededor de la industria petrolera a mediados del siglo XX, esto saco
completamente del contexto y de la mentalidad del venezolano el campo, propicio
el abandono de las actividades agrícolas, le quito valor, tanto en el hecho
económico como social, hasta ser percibida como degradante ser campesino. En
este orden de ideas nos señala Morón (2012):
La
Venezuela petrolera sustituyo a la Venezuela agraria de la época anterior,
aunque el petróleo apareció cuando gobernaba Juan Vicente Gómez, la estructura
económica solo varia, propiamente con la aplicación de los ingresos a las
modificaciones de la infraestructura material del país. La transición del país
rural, de economía campesina, a país petrolero, ocurrió durante la larga
dictadura gomecista. El dictador conocía el campo y sabía que era productivo:
no fue necesario que el petróleo apareciera para comenzar a solventar las
deudas.
En
la actualidad, en nuestra legislación venezolana, las políticas en lo
concerniente al campo y su régimen socioeconómico establecidos en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (2000) en su artículo 306
establece que:
ARTÍCULO
306: El estado promoverá las condiciones para el desarrollo rural integral con
el propósito de generar empleo y de garantizar a la población campesina un
nivel adecuado de bienestar, así como su incorporación al desarrollo nacional.
Igualmente fomentara la actividad agrícola y el uso óptimo de la tierra
mediante la dotación de las obras de infraestructura, insumos, créditos,
servicios de capacitación y asistencia técnica.
La
sustentabilidad comienza por un cambio en las ideas y mentalidades, en la forma
que percibimos a la naturaleza ya que hoy en día para muchos es solo un medio
para explotar y no como lo que es, el sustento del presente y el futuro. Para
generar un cambio de mentalidad el punto de partida debe ser las ciencias y
sobre todo la pedagogía esta temática debe estar obligatoriamente inmersa en
todos y cada uno de los programas de formación en nuestro país especialmente en
la educación primaria y media que a pesar de que tiene asignaturas referentes
al medio ambiente adolecen de contenido para la verdadera sustentabilidad vista
desde una perspectiva moderna creativa y científica y sobretodo realista y
orientada las tareas de campo en la investigación.
La
existencia de nuestros programas de educación ambiental en Venezuela está
orientada casi en su totalidad hacia la producción de alimentos probablemente
por la situación país de la actualidad o por un sesgo en la manera de cómo
entender a la educación ambiental y sus prioridades, y no hacia la
sustentabilidad per se, y la consideración de que cada actividad humana moderna
tiene un impacto que deja su huella en nuestra naturaleza; el cómo aminorar
dicho impacto para la conservación a largo plazo esa es la esencia de la
sustentabilidad ambiental en la pedagogía y que este se retransmita de
generación en generación.
Par
el gran reto de la conservación de nuestro medio ambiente es necesario revisar
y discutir los resultados obtenidos tanto, material como académicamente en toda
la educación ambiental venezolana y plantearnos así las nuevas y reales
necesidades en este campo para la generación de trabajos de investigación
originales y exitosos que trasciendan a los gastados programas de reforestación
y limpieza que si bien son de suma importancia no son suficientes y no abarcan
la totalidad de la problemática siendo muchas veces esfuerzos aislados que no
logran ser capitalizados de forma adecuada.
Podríamos
considerar que uno de los fines primordiales de la conservación ambiental es la
calidad de vida, que solo puede mantenerse con una verdadera interacción del
hombre y el medio ambiente, siendo indivisible la calidad de vida de la
educación ambiental transformadora
Este
nuevo siglo no solo nos presenta nuevos retos, sino también nuevas herramientas
en todo lo relativo a la sustentabilidad, siendo esta visión la que permitiría
correlacionar al ser humano con el medio ambiente y a los diversos grupos
humanos entre sí, para que así este sin número de ideas puedan permear en el
tejido social y donde ideas antes tildadas de futuristas y fantasiosas como las
llamadas energías limpias o verdes también y el desarrollo tecnológico del agro se hagan más presentes como las
técnicas necesarias y fundamentales para nuestra sobrevivencia, que no solo
repercutirá en la calidad de vida sino en la calidad de nuestros suelos,
recursos hídricos y la preservación de la flora y fauna, como un legado de
nuestra especie al planeta.
La
batalla es entre dos modelos contrapuestos, uno el presente, que contamina
nuestro aire, aguas y suelos, donde se mercantilizan estos recursos,
propiciando su agotamiento y extinción, claramente inviable, filosófica y
científicamente, donde se plantean dilemas éticos arrolladores.
El
segundo modelo se basa en una alternativa sustentable, en el cual nos dejamos
ver como centro predominante de la existencia para formar parte de ella, del
ecosistema vivo que llamamos tierra, para integrarnos de manera saludable con
nuestros recursos, en el que entendemos nuestra codependencia de ella como una
debilidad sino como una oportunidad para alcanzar el nivel máximo de
sustentabilidad, que es en si el equilibrio del hombre con el todo.
El
paradigma de lo sustentable debe trascender, de las escuelas, de las
universidades en fin de todas las aulas de clase, para ser un eje integrador de
las comunidades y pieza fundamental de una economía verde, que administre en el
presente, sin perjudicar nuestro futuro en donde la base sea la producción de
bienes que en primera instancia generen calidad de vida y una economía
dinámica.
En
el tiempo presente se han generado muchísimos debates por la supuesta dicotomía
entre la producción de bienes en masa, la sustentabilidad y la preservación de
nuestro medio ambiente y ecosistemas, se hace necesario generar nuevos modelos,
que integren de manera dinámica al hombre con la naturaleza, con todo aquello
que llamamos espacio, en donde se deben redimensionar conceptos como la vida y
lo que queremos que esta deba ser, donde la sociedad pueda generar nuevos
valores que nos integren con la naturaleza, la tierra en sí.
La
educación ambiental esta llamada a ser el medio, el caldo de cultivo por
excelencia para forjar un sin número de valores, morales, éticos, espirituales,
así como filosóficos que nos permitan entrar en comunión con la tierra y con
todo lo que en ella habita.
Es
a través del impulso al desarrollo de la educación ambiental, donde debemos
concentrar
todos los esfuerzos que permitan llevar a nuestras sociedades a un modelo de
justicia y equilibrio con el medio que nos rodea, es decir hablamos de
sociedades socialmente justas y ecológicamente en equilibrio.
Se hace indispensable, la generación
de un nuevo conocimiento científico, maleable, transformador, que tenga como
asidero la investigación basadas en metodología modernas, promovidas desde los
centros de investigación y estudios de cuarto nivel, desde universidades con
autonomía y libertad, donde se permita la sustentabilidad de nuestra calidad de
vida, de nuestra existencia, donde se deje como legado para el futuro
REFERENCIAS
Constitución. (1999). Gaceta
Oficial de la República Bolivariana de Venezuela 5453 (Extraordinario), marzo
24, 2000.
Ley Orgánica del Ambiente.
(2006). Gaceta Oficial de la República
Bolivariana de Venezuela. 5833, (Extraordinario). diciembre 22, 2006.
Morón, G. (2012). Historia de
Venezuela. Caracas, Venezuela, Editorial CEC, SA.
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